A cuidar el agua

18 febrero, 2013

Estrategias y propuestas sencillas para moderar el gasto de un recurso vital, que en algunas zonas del planeta comienza a escasear.

Por: Mariano Wolfson.

Es cierto: el 70% de la superficie de nuestro planeta está ocupada por agua. Pero el 97,5 % es salada, y apenas el 2,5% es dulce. Y como además la mayor parte de esta última está almacenada en los polos y glaciares, menos del 1% es accesible para el consumo humano. Es decir: el agua dulce es un recurso que, “debido al incremento de la población y a la desigual distribución espacial, pero fundamentalmente a la inadecuada gestión evidenciada en la contaminación, la deforestación y el uso indiscriminado, en algunas zonas comenzó a escasear”, advierte Ana Herrero, referente dela ONG Espacio Agua.

Actualmente más de 1.200 millones de personas, en países en desarrollo, no disponen de un adecuado acceso al agua potable. En la Argentina unos 9 millones están privados de este servicio; mientras tanto, en Capital Federal y gran parte del Conurbano el agua se derrocha: cada habitante gasta un promedio de 370 litros por día, cifra que casi duplica el promedio mundial.

Este panorama preocupante obliga a realizar un uso responsable. Controlar y reparar las pérdidas en cañerías, tanques de agua, depósitos de baño y canillas que gotean es una primera acción ineludible. Según alerta AySA, un inodoro con deficiencia en el flotante desperdicia 1.200 litros por día,  y una canilla goteando 46 litros.

Los platos se pueden enjuagar todos juntos para no dejar correr el agua. Y al lavar las verduras se puede colocar un tapón en la bacha, llenarla y lavar todo de una vez. Además hay que evitar el uso de agua potable para descongelar alimentos.

El baño es el lugar en donde más agua se derrocha. No dejar canillas abiertas al lavarse los dientes, o al afeitarse, es básico. Al tomar duchas rápidas y evitar los baños de inmersión se pueden ahorrar hasta 70 litros. Hay que usar jabones y shampoos biodegradables, ya que requieren menos agua para enjuagar y no contienen fosfatos contaminantes. Desagotar el inodoro innecesariamente es otro mal hábito a modificar: con él se gastan hasta 10 litros cada vez.

Al jardín hay que regarlo solo lo necesario y con regadera (la manguera es más gastadora); conviene hacerlo por la mañana temprano o a la noche para evitar la evaporación. Usar plantar nativas es otra buena idea: al adaptarse naturalmente a los climas del lugar, requieren menos agua.

Reciclar las aguas es un camino inteligente: por ejemplo las que se usaron para lavar frutas o verduras, se pueden destinar después al riego de las plantas. También es factible captar el agua de las lluvias, y reutilizarla.

Mejor usar lavarropas de bajo consumo, y llenarlos al máximo para disminuir el número de lavados. Y usar el agua sobrante para asear los patios y calles.

El auto amerita un capítulo especial. ¿Quién dijo que hace falta lavarlo todas las semanas? Y cuando toque hacerlo, ¿por qué no retornar al austero balde? Y ojo que no es chiste: según AySA una manguera abierta durante media hora desperdicia 570 litros de agua.

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