A orillas del Paraná

13 abril, 2014

Con la primera luz del día, la ciudad de Paraná brilla en tonos rosados, imponente sobre las barrancas verdes del parque Urquiza.

por Ana Schlimovich

Desde el río se la ve tan linda que los paseos en barco que se hacen de tarde también deberían salir temprano en la mañana, cuando la capital de Entre Ríos se baña en esa fresca luz matinal. Igualmente, desde la playa del Thompson se tiene una vista parecida.

Está a 470 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se puede llegar rápidamente por autopista, vía Rosario y Santa Fe, y atravesar el túnel subfluvial –que tiene 3,5 km, tardó nueve años en ser construido y permitió a la Mesopotamia dejar de estar aislada–; o por los pintorescos paisajes de la entrerriana Ruta 11; o combinar ambas, viajar por autopista hasta Rosario y cruzar por el puente de Victoria. Escapada ideal para un fin de semana largo, con casino incluido, Paraná se luce en cualquier estación del año, aunque su exuberante naturaleza resplandece en otoño y primavera.

Un recorrido a pie por el centro permite conocer las edificaciones históricas de esta ciudad que nunca fue oficialmente fundada y que tuvo tanto protagonismo durante la conformación de nuestro país. Desde la plaza 1.º de Mayo, que en 1730 era un fuerte militar, se puede ver de una sola ojeada la Escuela Normal Nº1, fundada por el mismísimo Sarmiento, el Colegio del Huerto, senado de la Confederación durante el gobierno de Urquiza, el Palacio Municipal, de líneas europeas; el correo, en la misma esquina en la que Urquiza vivía y la monumental Catedral, con su San Pedro de mármol de Carrara traído desde Italia (que dicen que venía acompañado por San Pablo en otro barco, pero naufragó en la travesía).

En esa plaza principal está el Gran Hotel Paraná, con 50 años de historia y habitaciones completamente remodeladas en 2013. Su restaurant La Fourchette es famoso por su cocina gourmet. En la esquina de Urquiza y San Martín la gente se reúne desde siempre en el café Flamingo, para ver quién pasa e intercambiar saludos a cada rato, porque aunque ya superen los 300 mil habitantes, pareciera que todos se conocen en Paraná.

La colorida peatonal San Martín es un centro comercial a cielo abierto. Hay varias tiendas de artesanías, una recomendada es El Sol, en la  esquina de Chile y Perú, y a pasos de allí, la casa de cuchillos artesanales Soriano, en Chile 286. Bajando hacia el lado del río se llega al Teatro Municipal 3 de Febrero, otra obra dispuesta por Urquiza en 1852. Más adelante está el Museo Provincial de Bellas Artes y la Casa de Gobierno, de estilo renacentista, en la que redoblan las campanas cada quince minutos. Una hilera de lapachos que en primavera se cubren de flores lilas enmarca la Avenida Rivadavia hasta el parque Urquiza. Al final de la misma, después de pasar la monumental Escuela del Centenario, está el Hotel & Spa Maran Suites & Towers, inaugurado en 2005, con una vista privilegiada del parque. El hotel tiene 66 habitaciones, dos suites para personas con discapacidad y tres habitaciones donde se permiten mascotas. El servicio es cinco estrellas y las medialunas del desayuno, formidables.

Desde allí da gusto recorrer los alrededores, descubrir las placitas, siempre prolijas, las casas señoriales, las calles amplias y arboladas, que suben y bajan y dan vueltas. El parque es la marca registrada de Paraná, con sus balcones naturales que invitan a contemplar el río salpicado de islas. En esta ciudad el río es su razón de ser, se lo puede recorrer a bordo de un catamarán de la agencia Costanera 241 o en las expediciones que la misma agencia organiza en kayak. Quien gusta de la pesca puede optar por una de las salidas que ellos también ofrecen, con todo el equipo incluido. Al atardecer, la costanera se llena de gente que corre, anda en bicicleta, prepara asados en las parrillas de la playa, pesca, pasea y mira a otra gente pasar.

Así como la siesta es sagrada, la comida de Paraná es deliciosa. Dos hechos indiscutibles. Para probar pescado de río hay que ir a Lola Valentina –Mitre 302–, hay pacú, posta de surubí, boga al roquefort, dorado con alcaparras y la lista sigue. Para comer pastas caseras y buena carne, el Ristorante Giovani es el indicado – Urquiza 1047 -, los tallarines con salsa scarparo son sublimes.

A la hora del té, La Pastelería se lleva todos los premios, las hermanas Noé inauguraron en 2011 esta simpática casa de té que está sobre Boulevard Moreno 82. Difícil decidirse entre el Cheesecake, la Rogel, con sus capas de masa crujientes intercaladas con dulce de leche y cubierto con merengue italiano; la Tarta Húmeda de Chocolate o el Apple Crumble Pie, por nombrar, algunas de las más de 60 variedades de tortas y tartas.

La Alameda, frente al hotel Maran, es un patio cervecero que sirve pizzas, cazuelas y picadas contundentes. Los martes a la noche hay peña folclórica en vivo. Villa Urquiza, a 20 km de Paraná, tiene las playas más lindas de la región y las mejores tortas negras. Los viernes a la noche, en verano, la Casa de Poeta –Polo Martínez s/n– abre sus puertas para compartir conciertos de música y arte Paranaense.

Datos útiles:

Dónde dormir

www.maran.com.ar

www.hotelesparana.com

Paseos y excursiones

www.costanera241.com.ar

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