A pura selva

29 abril, 2013

Saber mirar y escuchar es esencial en este tipo de programa, y si no sabe… pues, hay que aprender.

Texto: Julie Bergadá.
Fotos: Mercedes Aime y Yacutinga Lodge.

Después de una lluvia es más fácil encontrar las huellas de algún animal, aunque también las nuestras van quedando marcadas en el terreno rojizo, quién sabe cuántas estaremos borrando… quién sabe si alguna bestia nos está vigilando. Es un pensamiento que puede cruzar la mente mientras uno, silenciosamente, va tras el guía internándose en la Selva Paranaense , o sea la Selva Misionera.

Uno se siente parte de una expedición en la selva, y eso es parte de la propuesta de la gente del Yacutinga Lodge o de Puerto Bemberg. Todos los sentidos tienen que estar listos para detectar alguno de los habitantes de esta exuberante región. No es tarea fácil para quien no es práctico en estas lides, por eso es tan importante seguir las indicaciones de los guías. Cuando ellos señalan hacia donde mirar, al principio cuesta y probablemente a uno se le “escape” el animal, pero con el transcurrir del tiempo la reacción se hace más rápida y uno se acostumbra a visualizar con más facilidad. Es casi cómico ver cómo hasta se establece una especie de competencia para ver quién ve algo primero, con la consecuente sensación de triunfo que a uno lo invade en caso de detectar algún movimiento enalgún árbol… ¡cuesta reprimir el clásico “miren ahí, miren”!

Además de la observación de la fauna, los guías van explicando cómo funciona este ecosistema en el que también está incluida la actividad humana. Es notable cómo en los dos lugares se trata fervorosamente de preservar la naturaleza. No son simples hoteles, son muchos más. en ellos se trata de concientizar y explicar cómo funciona todo y el porqué de tratar de cuidar el entorno que nos rodea. Yacutinga tiene la enorme responsabilidad de mantener lo más intacto posible el área que linda con el río Iguazú Superior; en Puerto Bemberg en cambio, se han propuesto recuperar lo que se había perdido, una tarea por cierto titánica.

Yacutinga Lodge

De las 570 hectáreas que pertenecen al emprendimiento, solo cuatro han sido utilizadas para hacer las construcciones necesarias para recibir a los turistas. Aprovechando los materiales del lugar como piedra y maderas de arboles caídos, se logró una arquitectura que no agrede el entorno. Son diversas casitas -cada una con cuatro habitaciones- desperdigadas en los alrededores de la casa principal. La habitación más nueva se llama Yatei y es un bungalow escondido en la selva, ideal para amantes de la naturaleza. Es bueno saberlo, ninguna de las habitaciones tiene aire acondicionado. La ventilación se logró a través del especial diseño arquitectónico que permite un flujo de aire fresco proveniente del soto-bosque. Para las noches de invierno, en cambio, las habitaciones cuentan con un hogar. Son sencillas pero confortables, y desde sus galerías se pueden apreciar colibríes y otra variedad de pájaros o animales como el aguatí. La hora ideal es al atardecer, justo antes de ir a probar las caseras propuestas del restaurant.
Flotadas por el arroyo San Francisco o el Iguazú y caminatas nocturas completan el “menú” de actividades de este lodge.

www.yacutinga.com

Puerto Bemberg

Si bien el entorno inmediato no es tan selvático como el de Yacutinga, este hotel de selva está enclavado en las 360 hectáreas que forman la Reserva Puerto Bemberg. La casa parece un viejo casco de estancia, a la que se le adosaron las habitaciones, todas flanqueadas por agradables galerías. Decididamente, Puerto Bemberg combina una refinada sobreidad con el más absoluto confort. Una larga pasarela de madera conduce a un mirador sobre el río Paraná, un lugar más que agradable para disfrutar a la hora de la puesta del sol.
Son muy recomendables las caminatas por la selva, un programa que se debe hacer con la excelente conducción del guía-fotógrafo Emilio White. Los senderos conducen a través de una vegetación tupida, pasando por saltos de agua o arroyitos. También aquí se siente uno parte de un cuento de Horacio Quiroga. La navegación por el río Paraná es un atractivo extra, entradas hasta pequeñas playitas o hasta donde termina una caída de agua, maravillas de la naturaleza.
Puerto Bemberg tiene su historia, que se ve reflejada en la capilla que balconea al río. Vestigios de plantaciones de caña de azúcar y la visita al vivero donde se reproducen las plantas nativas para reforestar el área completan el circuito de las propuestas de este más que agradable hotel.

www.puertobemberg.com

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