Al Nordeste de Brasil

5 julio, 2013

Tres playas soñadas para visitar en cualquier momento del año.

Por: Ana Schlimovich.

Jericoacoara
Jeri, como la suelen llamar, siempre figura entre las diez playas más lindas del planeta. Queda en el estado de Ceará, conocido por tener sol garantizado todo el año, y por sus vientos es ideal para practicar windsurf y kitesurf.

Está a 300 km de Fortaleza, capital del estado, y a pesar de su fama, la antigua villa de pescadores mantiene su ritmo tranquilo y sus calles de arena sin iluminación pública. La salvan su acceso precario –se llega solo en vehículos 4×4, a través de dunas– y el hecho de ser Parque Nacional desde 2002.

Las playas más lindas son las de agua dulce. Las Lagunas Azul y Paraíso tienen el color y la temperatura del Caribe y se las puede disfrutar tendido en una hamaca o incluso almorzando dentro del agua. Conviene ir después de la época de lluvias, que va de febrero a mayo, cuando las lagunas están más llenas.

Hay posadas y hoteles boutique de lujo, muchos frente a la playa, y una gran variedad de restaurantes y barcitos con muy buena gastronomía. Los viajeros llegan de todas partes, en plan romántico o para buscar diversión, y todo el mundo se encuentra a la hora del atardecer en la cima de una gran duna para ver el sol irse por el mar.

Dónde dormir:
www.mybluehotel.com
www.vilakalango.com.br
www.chillibeach.com

Pipa
A 85 km de Natal, esta playa respaldada por enormes acantilados de arenisca roja y agua turquesa se hizo famosa por su buen astral y es la preferida por viajeros del mundo entero. Al igual que Jeri, Pipa es –casi– como fue siempre y tiene una fuerte postura ecológica. De día es tranquila y serena, con varias playas diferentes para disfrutar del sol. La más conocida es la Praia Do amor, y cuando uno la ve desde los acantilados entiende por qué se llama así: desde arriba se ve su forma de corazón. En la Praia dos Golfinhos, es muy probable avistar delfines cerca de la costa y la Praia Do Madeiro es la más alejada del pueblo, desierta y repleta de palmeras.

Por las noches, Pipa propone desde cenas a la luz de las velas a fiestas en la playa con luz de luna. Hay varias opciones de bares y restaurantes decorados con estilo y creatividad. Su temperatura ronda los 27 grados el año entero y los vientos alisios que refrescan la zona son excelentes para los deportes de agua. Las posadas son una más linda que la otra, desde la pionera Toca da Coruja, integrante del Roteiro de Charme desde 1991, al lujoso Kilombo Villas & Spa, en la playa de Sibaúma.

Dónde dormir:
www.tocadacoruja.com.br
www.sombraeaguafresca.com.br
www.kilombovillas.com

Boipeba
En el estado de Bahía, muy cerca de Morro de São Paulo, hay una pequeña isla de pescadores que nada tiene que ver con la vida agitada de la vecina Morro. Boipeba es para ir a descansar escuchando el sonido de la selva y las olas del mar. De noche, los planes se extienden como máximo hasta una caipirinha en alguno de los pocos barcitos o el forró –baile típico del nordeste de Brasil–, los sábados. La isla es especial para disfrutarla de día, caminar por sus playas interminables de agua tibia, donde las mareas suben y bajan formando piscinas de aguas naturales para hacer snorkel o andar en kayak.

Desde la villa de Boipeba se puede ir en tractor, el único vehículo a motor aparte de una ambulancia 4×4, hasta Moreré, todavía más tranquilo; o hacer un paseo en barco hasta la Cova da Onça, una aldea de pescadores donde el turismo todavía no llegó y, si uno pasea por sus callecitas de arena, puede ver a los hombres tejiendo sus redes y las mujeres descascando sirí (cangrejo).

Boipeba es Brasil en estado puro, un lugar para vaciar la mente y usar el cuerpo, ya que la única alternativa para movilizarse por tierra es caminar. No hay que perderse el Museu do Osso, de Mr. Cabeludo, un personaje local que colecciona desde huesos de ballena hasta caracoles preciosos que vende por tres reales. También hay que probar los deliciosos crepes de la Casa Namoa, en la Rua do Ribeirinho Nº35, hechos por manos francesas y con casa decorada por una mineira –del estado de Minas Gerais–, famosos por su buen gusto.

Para cenar, el Restaurant Santa Clara es el mejor de la isla y probablemente de Bahía, de dueños norteamericanos radicados hace más de una década en Boipeba. Y para dormir, Vila Sereia, con apenas cuatro bungalows frente al mar, es uno de esos lugares con los que uno sueña despierto cuando piensa en vacaciones en la playa.

Dónde dormir
www.ilhaboipeba.org.br/vilasereia.html
www.santaclaraboipeba.com
www.byrobinsones.com

 

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