Al otro lado de los Andes

25 abril, 2013

Desde hace varios años el negocio del vino en Chile está creciendo. Ahora la tendencia apunta al mercado premium, con una amplia cartera de vinos ícono y bodegas que hablan de desarrollo, modernidad e infraestructura, enclavadas en paisajes estupendos.

Texto: Marina Gerosa.

La  industria vitícola en Chile está pasando por una etapa de florecimiento. Hoy es el octavo productor y quinto exportador de vino a nivel mundial, y cuenta con una producción de vinos de lujo cuya calidad ha alcanzado el nivel más alto de su historia. A modo ilustrativo, hemos seleccionado algunas bodegas. Para degustar con la mirada y hacerse agua los sentidos.

GRANDE

San Pedro es una de las viñas más importantes de Chile y también una de las primeras que comenzaron exportando vinos. Su principal fundo y su base de operaciones se encuentran ubicadas en el Valle de Curicó, 205 km al sur de Santiago, donde se despliega un viñedo de 1.200 hectáreas: uno de los más extensos de Sudamérica. Aquella área de suaves lomadas y suelos francos sobre toba volcánica presenta condiciones climáticas y geográficas privilegiadas para el cultivo de la vid. Allí se encuentra también la bodega y su hermosa cava subterránea, que aún se conserva como fue construida en 1865, el año de su fundación.

Pionera en la búsqueda de nuevos terroirs, tiene viñedos en casi todos los valles vitícolas de Chile: Elqui, Casablanca, Leyda, Maipo, Cachapoal, Curicó, Maule y Bío-Bío. Su portfolio de vinos abarca un amplio rango que parte del tradicionalmente popular Gato Negro, hasta un ícono de alta categoría internacional: Cabo de Hornos. Otros premium de la viña son la línea 1865 Single Vineyard, con variedades provenientes de diferentes zonas, y Castillo de Molina que nació hace tres décadas como su primera línea Reserva.

Viña San Pedro es parte del grupo denominado VSPT Wine Group, conformado por las viñas San Pedro, Tarapacá, Santa Helena, Misiones de Rengo, Altaïr, Viña Mar y Casa Rivas en Chile, más Finca La Celia y Bodega Tamarí en Argentina. VSPT es hoy el segundo mayor exportador de vino chileno y, dentro del mercado de dicho país, ocupa el primer lugar en el segmento de vinos finos.

 

EXCLUSIVA

Doscientos kilómetros al sur de Santiago, en el Valle de Colchagua, en medio del bosque nativo y enclavada justo en la pendiente de una de las laderas de los cerros de Apalta, se encuentra la Bodega Clos Apalta, de Viña Lapostolle.

Esta majestuosa bodega gravitacional se dedica exclusivamente a la producción del vino Clos Apalta, un ícono de categoría mundial. La particularidad de esta bodega es que funciona 100% por gravedad en seis niveles, cuatro de los cuales se encuentran enterrados bajo el suelo granítico, con el fin de ofrecer un entorno natural de baja temperatura para el envejecimiento de los vinos. Este singular diseño vertical permite que el vino descienda de forma natural en cada etapa de la producción, evitando así la utilización de bombas, lo que puede afectar negativamente los sutiles aromas y sabores del vino. Las uvas se cosechan a mano durante la noche y son llevadas al nivel más alto de la viña donde se despalillan 100% a mano, una técnica que requiere gran cantidad de trabajadores y que solo se lleva a cabo en muy pocas viñas en el mundo. La fermentación se realiza en 21 cubas pequeñas de madera francesa y, al cabo de dos años de envejecimiento, en dos salas de barricas distintas, el vino se embotella y se distribuye desde la parte más baja de la bodega o se guarda en la vinoteca familiar subterránea.

Lapostolle fue fundada en 1994 por Alexandra Marnier Lapostolle y su esposo Cyril de Bournet, herederos de una tradición francesa en vinos y espirituosos -ella es bisnieta de Alexandre Marnier Lapostolle, el creador del célebre licor Grand Marnier-. Hoy Lapostolle posee 370 hectáreas en tres viñedos distintos y produce un total de 200.000 cajas anuales entre Sauvignon Blanc, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Carmenère y Syrah; y los distribuye a más de 60 países.

SUSTENTABLE

Emiliana se autoproclama la viña orgánica más grande del mundo. Nació hace más de una década, cuando José y Rafael Guilisasti comenzaron el visionario proceso de convertir una viña chilena tradicional en una viña de producción 100% orgánica, que minimizara el impacto ambiental. El objetivo: crear vinos que compitieran en calidad con cualquier vino del mundo, pero que respetara los ciclos de la naturaleza. Y vaya que lo lograron.

En sus viñas -distribuidas en cinco valles- todo funciona bajo una filosofía de “armonía entre máxima calidad y respeto por el medio ambiente”. El viñedo es manejado a través de una agricultura biodinámica, orgánica y sustentable, minimizando el uso de procesos artificiales y químicos sintéticos. Asimismo, cuentan con políticas de reducción, reciclaje y reutilización de residuos sólidos y los residuos líquidos, provenientes de sus tres bodegas productivas, son centralizados para su tratamiento. Su principal fundo en Los Robles (Valle de Colchagua) y sus productos Gê, Coyam, Winemaker’s Selection cuentan con la certificación carbono neutral. Algunos ejemplos de cómo hacen uso eficiente de la energía son la utilización de paneles solares para generar agua caliente, así como el uso de biocombustibles en sus tractores. En cuanto al packaging, los envases de vidrio son 14% más livianos, y los corchos son naturales y producidos con alcornoque de bosques sustentables certificados por FSC (Consejo de Manejo Forestal).

Por otro lado, Emiliana se diferencia por un fuerte compromiso con sus trabajadores y la comunidad, avalado por la certificación IMO for life (Suiza) que respalda las prácticas de Responsabilidad Social y las buenas condiciones de trabajo y valida a la viña como una organización justa y transparente. Asimismo ha implementado diversos programas de Responsabilidad Social que buscan entregar oportunidades de desarrollo para sus trabajadores y de enseñanza en la aplicación de la propia filosofía orgánica y biodinámica.

GIRL POWER

Con 160 hectáreas en el Valle de Colchagua, en el terroir de Apalta, Viña Las Niñas fue fundada hace 18 años por mujeres, en una tradición que ha ido evolucionando de acuerdo a los tiempos. Inicialmente creada y dirigida por madres, hermanas e hijas de la familia Douré (una familia francesa que produce en la mejor zona de Chile), se ha ido convirtiendo en una empresa de prestigio en el mercado vitivinícola nacional y extranjero. Sus vinos se venden tanto en Chile como en Europa, Asia y América del Sur. Además, Las Niñas tiene una clara estrategia verde, con sello carbono neutral y productos orgánicos como el vino Las Niñas Premium Chardonnay 2008, que acaba de lanzar al mercado junto a un gran tinto: Premium, combinación de Cabernet Sauvignon, Merlot y Carménère.

Su espectacular bodega -también gravitacional- ideada por el arquitecto Matías Klotz, se destaca dentro del imponente paisaje de la viña y de noche se ilumina para regalar a los ojos una imagen increíble.

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