Amazonas brasileño

27 diciembre, 2017
Texto y fotos Esteban Widnicky

De Manaos hacia el noroeste por el Río Negro se puede entrar en el mismísimo centro de la selva con toda su espesura, su humedad, pero sobre todo con su silencio y su luz. No importa en qué época del año se decida viajar, cada una —seca o con lluvias— tiene un especial y característico encanto.

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Manaos

En solo cinco horas se llega a Manaos —la verdadera puerta de entrada al Amazonas— en un vuelo directo desde Buenos Aires por Gol Líneas Aéreas. No hace falta mucho para hincarle el diente a esta ciudad que combina vieja y desmesurada elegancia con cierta decadencia tropical. Su símbolo máximo, el Teatro Amazonas, construido en 1896 y aún vigente como polo cultural, permanece estoico frente a la Plaza São Sebastião, el punto central de la movida social, nocturna y fuertemente recreativa de la ciudad. Alrededor de la plaza se reparten decenas de bares con mesas en las calles y veredas, gran parte de ellos con cantantes que amenizan el pasar; también hay galerías de arte, heladerías, casas de jugos y, en algún rincón medio escondido, Caxirí, un restaurant que es un verdadero hallazgo. Está especializado en comida amazónica, mantiene la delicadeza en la presentación, y el sabor dan ganas de volver. Sus tragos son un tema aparte: la caipiriña parece haber nacido allí.

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Embarcar

El verdadero viaje comienza a 180 km de Manaos, en Novo Airao, una pequeña ciudad a la vera del Río Negro, uno de los afluentes más importantes del Amazonas. Allí espera el Jacaré Acú, un barco de estilo antiguo que se interna, río arriba, en una verdadera aventura. El Río Negro le hace honor a su nombre con ese color oscuro, empetrolado, ámbar… Son cinco días de navegación a la par del Parque Nacional Anavilhanas para luego cambiar por el Parque Nacional do Jaú. Cada día depara una trilha diferente en la que ver monos deja de ser sorpresa; o un paseo en bote que posibilita acercarse a yacarés, peces saltarines, delfines de río (boto vermelho o tucuxí) e infinidad de aves; todo envuelto en un verde profundo, tupido, encrespado y exuberante. El tamaño de esa inmensidad es siempre para el asombro. Las hojas, las raíces de los árboles que quedan a la intemperie en época seca, todo. Y entre esos árboles, el samauma, el más alto de los altos, que llega a los 70 metros como si nada para encaramarse todavía un poco más. Durante mucho tiempo fue la presa preferida de los aserraderos hasta que se dieron cuenta de que su madera no era tan duradera como esperaban. No quedan muchos, pero es impactante descubrirlos asomándose en el verde, como solitarios centinelas.

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Jacaré Acú

Un párrafo aparte merece el barco. Se trata de una embarcación de madera, antigua en su estética (una versión más pequeña que el que aparece en Fitzcarraldo, la película de Herzog), pero moderna en su funcionalidad. Tiene ocho camarotes con baño privado, y un equipo de cocineras y tripulación que hacen de la estadía y de los paseos puro placer y comodidad. Todo está incluido en este crucero amazónico. Quizás no tiene la exageración de los pantagruélicos desayunos de los otros cruceros pero tiene el toque casero de la tapioca recién elaborada, del jugo recién exprimido, de los panificados recién salidos del horno; un deleite que se repite con sus variantes oportunas en los almuerzos y cenas. No faltan tampoco las caipiriñas o las cervezas para el atardecer.

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Katerre y más

Ruy Carlos Tone es el creador del proyecto Expedición Katerre, la empresa de ecoturimo que, con sus barcos (uno de ellos, el Jacaré Acú), recorre esta y otras partes del Amazonas brasileño. Con estos viajes, Ruy ayuda a financiar los proyectos de educación ambiental para jóvenes que lleva adelante la Fundación Almerinda Malaquía en Novo Airao; apoya el trabajo de dos maestros amigos en una escuela de la Comunidad do Gaspar, sobre el río Jauperí a 230 kilómetros de Novo Airao; y a otras pequeñas poblaciones del Parque Nacional do Jaú. Este ingeniero paulista hijo de japoneses piensa todo el tiempo en cómo aportar para que las nuevas generaciones de una región de su país con historia de pobreza eterna puedan salir adelante.

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Final feliz

Uno baja distinto del barco luego de cinco días de navegación, de charlas, de entrar en contacto con esas comunidades. Hay regocijo por la belleza capturada para siempre en la memoria, y una alegría contagiosa que llega de esa gente que ama y cuida su paisaje sabiendo que ahí está su futuro. En el recuerdo quedan las trilhas que suben y bajan, las corridas detrás de la foto perfecta (el mono siempre se escapa), las zambullidas en el río, las noches de tragos en cubierta. Por eso, el regreso a Novo Airao con la expectativa de descansar un par de días en el impactante hotel Mirante do Gaviao es la frutilla del postre. Es un elegante y cálido refugio anclado en medio de la selva con salida a la playa y al río. Otra maravilla dentro de la maravilla. El mejor final.

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+ Más información

Vuelos
www.voegol.com.br

Hotel Casa Teatro: Rua 10 de Julho 632
www.casateatro.com.br

Mirante do Gavião. Amazon Logde
Rua Francisco Cardoso, s/n.                                 

Barrio Ntra. Sra. Auxiliadora, Novo Airão
www.mirantedogaviao.com.br

Restaurant Caxiri
Rua 10 de Julho 495
(a metros del Teatro Amazonas)

Expedição Katerre
www.katerre.com

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