Atacama, el desierto sin fin

5 julio, 2017
Por  Esteban Widnicky

Con sus inmensos salares, termas, géiseres y espectaculares paisajes, es uno de los lugares más llamativos, cautivadores y sorprendentes del mundo. Al norte de Chile y rodeado por los Andes, aparece el desierto de Atacama.

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San Pedro de Atacama está situado a 2450 metros de altitud y es considerada la capital arqueológica de Chile por todos los hallazgos que se hicieron en la región. Es un pueblo de 3000 habitantes, de casas bajas de adobe, que crece a medida que más turistas se enteran de su belleza. Su potencial y crecimiento económico no tardaron en quintuplicar la oferta de hoteles cinco estrellas y en diversificar el abanico de propuestas para conocer este oasis en medio del desierto.
Uno de ellos es Tierra Atacama, un hotel boutique frente al majestuoso volcán Licancabur. Tierra Atacama se construyó respetando un antiguo corral de toros, lugar donde los arrieros que traían ganado desde Argentina al Puerto de Antofagasta se detenían para alimentar y dar un descanso a sus animales después de la dura travesía de los Andes. Aquí se reabastecían de forraje y agua antes de continuar su viaje. Los arquitectos de Tierra Atacama decidieron mantener estos antiguos muros de adobe como un homenaje a la historia de la zona.
Es increíble observar al amanecer entre tanta aridez la exuberante vegetación formada por chañares, algarrobos y pimientos. También reinan los cactos y las llaretas, las vicuñas y las vizcachas. Sin dudas, es el lugar para viajeros amantes del silencio.

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Algunas excursiones requieren salir a las 5 de la mañana, como la de los géiseres del Tatio (a 90 kilómetros de San Pedro), y aunque cueste levantarse tan temprano, el esfuerzo vale la pena. Luego de una hora y media para subir a 4.320 metros de altura, donde el frío es intenso, justo a la salida del sol, aparecen los géiseres del Tatio, que en quechua significa “el viejo que llora”. Este es el tercer campo de géiseres más grande del mundo.

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Las fumarolas emergen de la tierra alcanzando una temperatura de 85°C. Este espectáculo natural se puede apreciar mejor cuando la temperatura es bajo cero, ya que el efecto del calor y del frío hace que el vapor de las aguas se transforme en unas fumarolas sulfurosas en ebullición. De estos cráteres emerge a borbotones agua teñida de azul, verde y amarillo, como fuegos artificiales en miniatura. Cuando el sol crece, los humos se minimizan, el lugar parece otro y lo mágico da lugar a lo árido.
Para terminar la visita, se puede conocer el Géiser Blanco, a tan solo 5 kilómetros. Tierra Atacama también tiene preparados allí un desayuno y un baño termal en un lugar muy exclusivo.

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Asimismo se recomiendan las termas de Puritama, a 30 kilómetros de San Pedro y a 3.050 msnm. Ubicadas en un cañón montañoso rodeado de vegetación del tipo cola de zorro, cuentan con ocho pozones de aguas termales, cuyas temperaturas fluctúan entre los 30° y 34°C. Es el lugar perfecto para descansar y relajarse.
Otro punto imperdible de la región es el salar de Atacama, a unos 40 kilómetros al sur de San Pedro. Esta laguna de sal de unos 3.000 km2 —la quinta más extensa del mundo— forma costras de sal que crujen bajo los pies. Se trata de una enorme depresión ubicada entre las cordilleras de los Andes y de Domeyko, en la que se acumulan las sales que bajan con el agua de las montañas. En algunos sectores, este “depósito de sal” alcanza los 1.400 metros de espesor. Hay partes secas y otras anegadas, como la laguna Chaxa —administrada por la comunidad atacameña de Toconao—, en la que la gran atracción son las colonias de aves de la Reserva Nacional Los Flamencos, donde anidan tres especies que se pueden ver de cerca: el flamenco andino (de patas blancas), el chileno (con sus patas anaranjadas) y el de James.

El desierto de Atacama fue ubicado en el segundo lugar entre los destinos turísticos destacados para este 2017 por The New York Times, medio que elaboró un ranking de los 52 lugares más llamativos para visitar de todo el mundo.

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Llega la noche y se abre el cielo más diáfano e imponente del mundo. Aquí el aire del desierto es limpio y la luz mágica. Las estrellas y la Vía Láctea son cómplices de la belleza, tanto que aquí se ubica el radiotelescopio más grande del mundo, el Proyecto ALMA, en el que participan investigaciones astronómicas conjuntas de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.
La noche aquí es para escribir otra nota. La noche en el desierto nos deja el sabor de la eternidad.

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Se puede llegar desde Santiago de Chile al aeropuerto de Calama, que se ubica
a una hora de San Pedro.

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