Autos de ayer, conquistas de hoy

5 agosto, 2013

En las rutas italianas, las Mille Miglia fueron dominadas por segunda vez consecutiva por una dupla argentina. Este año, Juan Tonconogy y Guillermo Berisso llegaron a lo más alto del podio.

Texto: Marysol Antón.

Aventura, adrenalina, historia y tradición forman parte de la mística de las Mille Miglia, para algunos la carrera más linda del mundo, y así la llaman. En cada edición, los habitantes de los distintos pueblos que atraviesa se acercan a la ruta para ver la habilidad de los corredores y los autos antiguos que anualmente se concentran en Italia dando vida a esta competencia.

Para los competidores es un circuito sumamente atractivo, y los argentinos le suman a esto el puesto más alto en el podio. Así, en 2012 la dupla Scalise y Claramunt condujeron el Alfa Romeo Gran Sport Hubs de 1933 a la victoria. Este año la travesía fue dominada y conquistada por la pareja de Juan Tonconogy y Guillermo Berisso, quienes ganaron piloteando su Bugatti T 40, 1927. Ellos totalizaron 35.417 puntos, muy distanciados de los segundos que fueron Giordano Mozzi y Mark Gessler, con el mismo Alfa Romeo que salió primero el año pasado.

“Es una carrera con muchísima historia, y eso la vuelve tan especial. Basta pensar que es una carrera que se corría por las rutas abiertas de Italia y hoy se sigue haciendo con los mismos autos. La primera vez la corrí con mi padre y la disfrutamos muchísimo. Solamente estando allá se puede apreciar la magnitud, viendo a la gente seguir a los competidores haya sol o llueva. Es una pasión que se transforma en euforia”, afirma Juan Tonconogy.

En palabra de los competidores, la exigencia de la competencia no se compara a las que se dan en Argentina. En este circuito el tiempo de descanso es escaso y solo hay tiempo para estar pendientes de los autos, del estado de la ruta y de las inclemencias del tiempo –esta última edición tuvo a la lluvia como una gran protagonista, por ejemplo–.

“Llegamos a Italia concentrados en hacer lo que sabemos. En realidad, en cada etapa uno compite con uno mismo, pues hay mucho nerviosismo. Además, por ejemplo, los pilotos italianos son casi profesionales, pues ellos corren una carrera por fin de semana, mientras que en el país se hacen de 6 a 8 por año”, aclara Tonconogy.

No hay muchas posibilidades para entrenar antes de la carrera, simplemente el auto se prueba en la ruta y unos días antes el circuito para que entre en ritmo. A esto se agregan los imprevistos, como una largada con lluvia, lo que provocó que las pruebas se hicieran más difíciles. “Ese día no anduvimos bien –recuerda Tonconogy–, excepto por las últimas dos pruebas, que eran sumamente rápidas y nadie pudo llegar a hacer los tiempos salvo nosotros. A partir de ese momento tomamos la punta y no la dejamos”.

La segunda jornada abarcaba el tramo de Ferrara a Roma, pasando por San Marino, y allí la dupla argentina continuó peleando la punta, sumamente confiados y deseando que la carrera no terminara para alargar el placer que les generaba. En el último día, la emoción de haber ganado se fue dando con el pasar del tiempo. “Cuando caes es increíble, una emoción gigante con sensaciones difíciles de explicar. Lo hicimos paso a paso, tranquilos y pasándola bien”, concluye el representante local.

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