Aventura en el Lejano Oeste

29 agosto, 2017
Texto Agustina Seeber
Fotos Turismo de La Rioja / Diego Diaz

Villa Unión del Talampaya en La Rioja es una opción distinta para los que buscan conectar con escenarios geológicos  de millones de años, entre platos caseros y vinos locales.

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Llegar es parte de la travesía

En el centro oeste de la provincia de La Rioja, Villa Unión del Talampaya en el Departamento de Felipe Varela es el pueblo ideal para hacer base y recorrer la región. Paisajes rocosos de color terracota, intervenciones de grises, verdes y amarillos son el lenguaje vivo de paisajes naturales que cuentan millones de años de historia geológica, arqueológica y paleontológica.
Tomar la Cuesta de Miranda para llegar a Villa Unión desde el aeropuerto de La Rioja Capital —casi 300 km— es una excelente opción para aprovechar el tiempo desde el primer momento. La Cuesta atraviesa el sistema de Famatina en un increíble recorrido entre bosques de algarrobos y cardones. La parte más alta de la Cuesta llega a los 2200 metros y cruza también un tramo del Qhapak Ñan.

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Turismo local

“Ahisito nomás”, un almuerzo en el pueblo de Aicuña merece la pena para calentar corazones y motores. Hay que tomar un camino de 8 km de tierra colorada para llegar a este lugar “mágico y natural” de 300 habitantes que viven del cultivo de nogales. El Hostal de la Casa es el único establecimiento hotelero gastronómico, y su restaurant es un ambiente muy cálido con toques locales y sabores de lo mejor: brochettes, locro y membrillo al malbec, con quesillo y nueces. Después de comer, se puede realizar un pequeño trekking en las sierras de Aicuña hasta la Capilla y a la imagen de la Virgen de Rosario. También se recomienda pasar por la casa de los Ormeño y conversar con Nélida. Ella, junto a su hijo y nuera, ofrecen nueces y vinos artesanales exquisitos, para llevar de recuerdo.

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Guandacol es otro de los pueblos lindantes y el paso a uno de los escenarios más encantadores de la provincia —adjetivo que le da nombre—: Vallecito Encantado. Para llegar desde Villa Unión, hay que tomar la ruta 40 y pasar el Cerro Bola, un mestizaje de roca verde y morada. Llegando al Vallecito, cuentan las leyendas que en la llamada Zanja de la Viuda, los arrieros veían una misteriosa señora de negro, entre otras historias de la región. Una vez en Vallecito, el trekking es inminente para conocer formaciones geológicas muy simpáticas, como la Copa del Mundo. El lugar es de ensueño y las fotos divertidas. Una vez finalizada la excursión, la Posada Krasia May en Guandacol tiene su restaurant con amplio menú y comida casera garantizada. El circuito no estaría completo si no se realiza una parada en la casa de las Mujeres de Unay, una cooperativa de tejedoras y conocedoras de medicinas naturales, que ponen a disposición del visitantes ponchos de impronta incaica y abrigadísimos tejidos con telares, además de jarabes, yuyos y hierbas. Los hombres también tejen y es el caso de los Fajardo, una familia de varones tejedores que tienen su casona en el pueblo de Santa Clara. Nicolás Fajardo recibe allí a cualquiera que quiera conocer las técnicas de los telares y de las tintas naturales, así como ver impresionantes artesanías y cuadros, todas creaciones de él mismo. Entre obras de arte y tejidos, conserva una manta de vicuña de 80 años que cuesta $80.000.

Turismo aventura

La aventura está asegurada en el salvaje oeste de La Rioja, donde la naturaleza aún permanece pura. Animarse a las excursiones permite llegar a puntos tan maravillosos como inaccesibles. Estas son algunas de las posibilidades.

Laguna Brava en 4×4

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Esta es una de las excursiones de día completo que sin duda hay que realizar. Una caravana de 4×4 conduce por distintos puntos estratégicos y por la altura hacia Laguna Brava, un espejo de agua a más de 4000 msnm, rodeado de volcanes. La travesía comienza en la puerta del hotel y sigue su camino hacia el departamento de Vinchina, a 70 km de Villa Unión. Pasa, por ejemplo, por el lecho del río Valle Hermoso, donde se realiza una de las pruebas del Dakar. Vinchina es una localidad con historia de arriero y construcciones de influencia norteña de diaguitas y jesuitas. También conserva uno de los tramos del Qhapak Ñan mejor cuidados.
Luego de unas empanaditas de carne en Jagüé, las camionetas toman la Cuesta de la Troya, el paso hacia la Cordillera. Encerrado entre placas que emergieron hace 200 ó 300 millones de años —algunas incluso tienen huellas de dinosaurios—, sigue el ascenso por la Quebrada del Peñón. Los colores vivos y el sol se convierten en nieve, morados, verdes y amarillos de un momento a otro. Una de las formaciones más conocidas es la llamada “Pesebre”. Si el tiempo acompaña, llegar a Laguna Brava luego de caminos “bravos”, uno puede dar certeza de que los lugares más inaccesibles son los más bellos.
Quedan algunas sorpresas al regreso: la Pirámide, la Herradura y las Estrellas de Vinchina, espacios construidos con rocas que usaban los diaguitas para rituales.

Cañón del Triásico

Si el viajero creía haberlo visto todo, es porque aún falta el Cañón del Triásico, una de las novedades en el circuito de excursiones 4×4. El mapa indica la ruta 76 hacia el pueblo de Banda Florida, la misma ruta que va hacia Pircas Negras, el paso para cruzar a Chile y que conduce a Copiapó, en la región de Atacama.

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Banda Florida encanta por su anfiteatro natural y por su pintoresco cementerio: una conjugación de tumbas diaguitas y europeas, cubiertas de flores coloridas. Allí yace el cuerpo de Martita, una niña a la que se le pide, promete y agradece.
Tomando el río Suri (que significa “ñandú”), se llega a la entrada del Cañón del Triásico, cuya diversidad geológica es una fusión de la que se puede ver en el Parque Provincial Ischigualasto (Valle de la Luna), en la vecina San Juan, y en el Parque Nacional Talampaya. Catorce kilómetros contemplan siete formaciones distintas. Se desciende de las camionetas para caminar hacia el Mirador del Oso y al Cerro de las Bochas, un campo ondulado salpicado de rocas perfectamente redondas, distribuidas prolijamente por la naturaleza. El descenso por el Cañón es el final de adrenalina que corona la experiencia.

Parque Nacional Talampaya

Es el emblema de la región y el atractivo más conocido, aunque, como ya vimos, no el único. El Parque Nacional Talampaya tiene dos accesos y son cuatro los circuitos que se pueden realizar: Quebrada Don Eduardo, Cañón de Talampaya, Ciudad Perdida y Cañón Arcoiris.
Para maximizar el tiempo, la sugerencia es realizar a la mañana el trekking en la Quebrada Don Eduardo y el overland por el Cañón de Talampaya a la tarde; y reservarse otro día para hacer la excursión combinada Ciudad Perdida – Cañón Arco Iris.

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Don Eduardo Páez era un arriero, quien disponía de postas donde descansaban los que transitaban por la Quebrada, paso obligado para los acarreos. De ahí el nombre de la Quebrada. Hoy las agencias Runacay y Talampaya Exursiones ofrecen trekkings de cinco kilómetros por los lechos de ríos, rocas rojizas, paredones y formaciones de todos los tamaños; senderos solo para transeúntes, que permiten observar cóndores desplegar sus alas al sol, descubrir figuras como el Flautista, llegar al Mirador de las Agujas y descender hacia el Laberinto Gótico.
Por otro lado, el overland es el clásico circuito en camión por el río de Talampaya entre imponentes paredes de 150 metros de alto, con paradas en la estación de los Petroglifos, donde se pueden ver dibujos y signos de colores que dejaban los diaguitas en las rocas; en el Jardín Botánico, donde yace parte de la flora autóctona y la “Chimenea”, famosa por el eco; la Catedral, llamada así por sus formas góticas; y, finalmente, la parada en las figuras del Monje, la Tortuga y La Torre. Runacay además realiza excursiones nocturnas las noches de luna llena, dos antes y dos después.

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Por el otro acceso al Parque, la excursión combinada Cañón Arco Iris – Ciudad Perdida que ofrece Cooperativa Talampaya permite conocer otra cara de esta porción de naturaleza, donde predominan lluvias de verdes, grises, amarillos y negros en las rocas. El ingreso a pie entre paredes conduce a lo que perfectamente podría ser una maqueta. Es un circuito con una magia especial, ideal para vibrar en el silencio de esta espectacular tierra de dinosaurios.

Ni hablar de la gastronomía

Los establecimientos gastronómicos en Villa Unión se caracterizan por sus construcciones rústicas y la comida casera. Casi siempre están atendidos por sus dueños, cuyas manos son creadoras de manjares. Entre los productos regionales, es muy común el queso de pata, un queso casero hecho a base de cartílago. El restaurant Sabores Riojanos lo sirve, antes de unos excelentes canelones, con opción de delivery.
El asado no falta, así como tampoco las aceitunas en todas sus formas y colores. Se recomienda el cabrito, chivito o bife a la riojana en Las Palmeras y en el hotel Don Remo —pedir de postre el flan con chocolate—.
Sobre la ruta 40, la parrilla Parador Ruta 40 sirve comidas deliciosas, mientras los comensales disfrutan shows de folklore en vivo. El restaurant está integrado con una completísima tienda: “Regionales del Oeste”, donde se pueden llevar nueces confitadas, dulces artesanales, aceitunas rellenas, vinos, alfajores, además de artesanías locales —nunca está de más una piedra energética de este suelo que respira cuarzo—. Entre otros sabores, el quesillo con dulce de cayote, nuez y ralladura de limón es uno de los destacados.

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A La Rioja hay que ir con cuchara, con ganas de animarse a la aventura y de vivir la tierra que cuenta historias.

Dónde hospedarse

Hotel Cañón de Talampaya
www.hotelcanontalampaya.com

Hotel Pircas Negras
www.hotelpircasnegras.com

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