Barro y Vino

15 noviembre, 2016
Texto Agustina Seeber
Fotos Pablo Donna

De la tierra a la copa al papel. Mema Hanon, artista mendocina, juega con los elementos de la naturaleza para desplegar la belleza de lo simple en cuadros que ya son marca registrada.

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“Barro y Vino” es el nombre de la muestra que expuso recientemente en el Park Hyatt de Mendoza. Son los dos elementos con los que Mema Hanon juega, hace, prueba y crea para gusto de los que visitan la provincia cuyana.
Actualmente vive en Luján de Cuyo y asegura que todo lo que pasó “le fue pasando”. Comenzó sin querer queriendo y al final una cosa se enganchó con la otra. Desde que era chica, la inquietud ya estaba instalada. Vivía en San Rafael con sus seis hermanas y se las rebuscaba para fabricar pinceles con las puntas de su propio pelo. Así comenzó a incursionar en la pintura y sus primeros cuadros fueron de cerámica. Hoy ha creado un sello que la distingue y que revela su espíritu. “Yo soy barro. En el calendario maya, soy tierra eléctrica. Soy re acelerada y pura tierra”. Mema transmite y contagia su alegría e impulso por “hacer”, como le gusta decir a ella. “Siempre he sido hacedora. Lo primero que hice fue construir un rancho para dar clases de inglés, y lo hice de caña y barro. Me compré un bastidor y óleo. Y dije: ‘Bueno, pinto la ventana del rancho. ¿Cómo resuelvo pintar el barro?’. Y ahí empezó otro mundo”.

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¿Cuál es el secreto?

—Pinto primero con acrílico y después resuelvo el resto con barro. Las sombras son las que hacen el juego. Trabajo con espátula, pongo el barro y una mezclita que preparo para que no se despegue y lo peino como si estuviese cubriendo una torta. Cuando hacés la sombra, queda el efecto tridimensional.

¿Y qué te llevó a experimentar con el vino?
—Fue muy gracioso. Yo pintaba con óleo y fondo de barro, re duro, nada que ver con esto. Y un día, una amiga mía, muy loca, me dice ‘En la bodega Kaiken necesitan alguien simpático, que sepa inglés, algo de arte y que le guste el vino, para dar wine painting’. Fui a la entrevista y me traje tres varietales, más una tintorera y borras de Malbec y de Champagne. Y así como si hubiese subido por mi sangre el vino, me pasó lo que me pasó.

¿Cómo es trabajar con una materia viva como el vino?
—Para darle color, trabajo con diferentes varietales de vinos: Cabernet, Malbec, Syrah… Hago, por ejemplo la montaña, la mojo con agua y la toco con el vino. El vino es orgánico. Entonces, sigue mutando, sigue su proceso orgánico. Sale un cuadro divino, pero con el tiempo se va oxidando. Y es parte del folklore. Termina como si fuese un sepia. Es triste que pase eso, pero a su vez es la gracia.

Se nota que lo disfrutás…
—Sí, es muy divertido para mí rescatarle los tonos a cada varietal. No es lo mismo un Malbec de Valle de Uco o de Luján de Cuyo, son distintos. O si son de diferentes bodegas.

¿Se puede decir que va acompañado por tus conocimientos del vino?
—Bueno, somos mendocinos —se ríe.

—¿En qué te inspirás?
—Me va pasando, te digo, veo escenas. Se hacen muy cotidianas, muy simples, me gusta la simpleza. Me encanta la ropa flameando cuando la cuelgan en los ranchos… Adoro esa escena. Y eso al final ha sido mi virtud: lo simple.

—La exposición “Barro y Vino” en el Park Hyatt es sin dudas muestra de eso.
—En esa oportunidad, tenía que presentar algo y yo amo las herramientas. Construyo, me gusta la pala, el rastrillo, todo… Y siempre las veía apoyadas contra la pared con esa sombra divina. Y ahí fue cuando empecé a hacer estas obras que son herramientas.

—También paisajes, ¿no es cierto?
—Paisajes puramente mendocinos. Rescato el viejo paisaje, antes de que llegaran las administraciones, cuando las fincas tenían sus alamedas y callejones.

—Te has presentado junto a otros artistas en Killka, en la Bodega Salentein, en la muestra “Paisajes del vino”. ¿Qué es lo próximo que se viene?
—El año que viene tenemos la mega muestra que organizamos todos los años, ahora en los laberintos del Museo Fader, que funcionan como galerías a cielo abierto. Allí exponemos 80 artistas visuales, generalmente, el fin de semana después de semana santa. Es espectacular. Ya está instalado en la agenda cultural y es un evento donde el público comparte con el artista.
Pura tierra y vino, marca Mendoza, marca Mema Hanon.

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