Comunión de singularidades

5 julio, 2013

Una artista peculiar cuyo interés por el color, el movimiento y la abstracción traspasa los límites de su disciplina. Lucila Poisson nos cuenta acerca de sus obras y sus influencias.

Texto: Paula Niño Kehoe.
Fotos: Juan López Gil.

Llega al encuentro con un collar que ya nos revela su inclinación por las formas geométricas. Profesora de Pintura egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y licenciada en Arte en el IUNA, Lucila Poisson es una mujer emprendedora, creativa y con una mente muy abierta. No se limita a trabajar solamente con su disciplina, sino que disfruta de pensar fuera de la caja y relaciona sus trabajos con todo tipo de ciencias y especialidades, desde la bioquímica y psicología hasta la arquitectura y los bordados de su abuela.

-¿Cuál es tu concepción del arte a la hora de trabajar?
-Me rompe la cabeza lo conceptual del arte. En mi hacer, la construcción de la obra o de un proyecto en particular consta de diferentes etapas. Se encara desde un determinado ángulo según el proyecto. Para mí es de especial importancia la palabra. Es bella por sí misma y disparadora. Al trabajar en una obra, por momentos tengo que darle tiempo de secado o hago un alto, en ese tiempo leo ciertas cosas, escucho determinada música, ambos terminan siendo parte importante en el proceso de la obra. Así como me pasa con el color, que por momentos tengo que trabajar con determinados tonos, igual me pasa con la música, necesito ritmos particulares y no por casualidad estoy leyendo ciertos libros. La obra arranca sin algo previo, confluyen una serie de acontecimientos que hacen que vaya encontrando el curso.

-En tus obras predominan las formas geométricas, ¿qué es lo que te gusta transmitir con esto?
-Comunión de singularidades. En los últimos años hice hincapié en lo vincular, los eslabones forman parte de una trama, se unen no solo por estructura formal, sino también por color. Esto está lleno de sutilezas. Si de repente cambias un tono por otro, la trama puede unirse aún más, desarmarse o hasta explotar. Llevado al plano de lo humano, en lo grupal, la confluencia de lo que cada uno trae por su universo, idiosincrasia, disciplina, arma algo nuevo, donde hay lugar para la luz de lo particular de cada uno. Eso es el leitmotiv de mis trabajos del último tiempo. La interacción, la energía que circula y se despliega en algo nuevo enraizado en el contexto que le da origen.

-¿Qué es lo que te dejó haber hecho tantos talleres y seminarios?
El docente que convoca hace al grupo, que guarda relación con quien propone el taller. Esto no es menor, hay ciertas características o intereses que aúnan. Además de los conocimientos, la experiencia que uno vivencia en un taller es muy valiosa, el intercambio y las construcciones a las que se llegan serían imposibles desde uno solo, o llevarían mucho más tiempo encontrarlas. Cada uno va aportando lo que trae y se va a armando algo nuevo e interesante, enriquecedor para todos. En muchos casos se genera una relación de fraternidad, pasamos por experiencias donde nos terminamos sintiendo atravesados y hay cosas que comprendemos gracias a la colaboración y aporte de cada uno.

Participó de talleres con Tulio Sagastizábal, Carlos Amorales y Santiago García Navarro y se involucra con la Fundación AVON hace ya varios años a través de muestras que llevan obras de artistas por todo el país. Una mujer fuertemente influenciada por su entorno familiar, que mientras trabaja se inspira con María Callas o Edith Piaf, y cuyas obras reflejan cadenas de historias creadoras de nuevos relatos.

LUCILA POISSON
Beca-Programa de Tutorías para jóvenes artistas 2007, C.C.R. Rojas (BA, Arg).
Integra el Proyecto cubo 2006/2007.
Encuentro de análisis con Gachi Harper.
Su obra integra colecciones en Costa Rica, Guatemala, Venezuela, Argentina y Estados Unidos.

Muestras artísticas
A fines de abril, Lucila realizó una muestra individual en el Espacio Maipú de la Ciudad de Buenos Aires, una muestra curada por Ariadna González Naya. En septiembre participará de la 2.ª Edición de la Bienal del Chaco, creada y dirigida por Milo Lockett y curada por Federico Platener y Máximo Jacoby. Una selección de 25 artistas quienes crearán una obra en vivo y que quedará allí como patrimonio cultural del Gobierno de Chaco.

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