Con acústica nórdica

30 agosto, 2017
Texto Flavia Tomaello

El edificio de la Ópera de Oslo se ha convertido en un referente de la cultura en la capital noruega.

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Blanquísimo, moderno, monumental, anguloso, parece ser un témpano que emerge del agua. La Ópera de Oslo se ubica sobre el fiordo de la capital noruega y, para acceder, hay que atravesar un pequeño puente sobre un lago artificial de profundidad mínima que, apenas la temperatura roza los bajo cero, queda con su superficie completamente congelada. Desde la punta de la escalinata que lleva a las puertas de acceso (o, si el clima lo permite, desde la accesible terraza del teatro, que es también el techo), se ve una hilera de luces interminables del otro lado del agua: es Barcode, un conjunto arquitectónico cercano al puerto en el que predominan restaurants y hoteles. Apenas 100 metros más atrás se distingue el perfil de la estación central de ferrocarriles, cuya fachada histórica se conserva como en sus primeros días, pero cuyo interior fue reconvertido en una suerte de patio de comidas gigantesco.

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El foyer, gigantesco, con un espíritu más cercano al hall de los teatros modernos que a las casas de ópera tradicionales, es más que nórdico. De un lado, infinitos listones de madera de roble, clara; del otro, de nuevo el blanco: paneles romboidales que parecen estar abrazando el bar. El clima es festivo. El café tiene precios diferenciales para quienes se queden a ver el espectáculo.

Corcheas de madera y fusas de cristal

La diferencia entre el afuera y el adentro es difuso: todo un lateral está compuesto por ventanales que llegan del techo hasta el suelo. Esta política de apertura provee grandes beneficios para los visitantes esporádicos, que pueden sorprenderse viendo un ensayo o los pormenores de una actividad artística en uno de los tantos talleres que se dictan en el espacio durante la semana. Detalles de mármol de carrara y granito completan este paraíso de las artes que cuenta con más de 1100 salas en total y que recibe anualmente casi un millón y medio de visitantes, lo que convierte a la Ópera en el punto turístico más exitoso de todo Noruega.

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El estudio de arquitectos local Snøhetta fue el elegido para el diseño y la construcción. A pesar de su juventud, la sala principal homenajea a los teatros de la antigüedad con la clásica estructura de cerradura, en una sala para 1.369 espectadores. Hay otros dos auditorios más pequeños. El techo-terraza y el foyer suelen también ser usados para conciertos.
Nieve, vidrio, metal, transparencias… nieve, agua, reflejos… La melodía y el movimiento dentro y fuera para una Oslo moderna de una postmodernidad inhallable a nuestros ojos.

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