Crónicas coreanas

7 marzo, 2018

Los periodistas Julián Varsavsky y Daniel Wizenberg viajaron a ambos lados del Paralelo 38 y, al regresar, dejaron sus experiencias por escrito. 

Corea

Corea, dos caras extremas de una misma nación es un relato inmersivo en la realidad de dos sistemas extremos. Por un lado, el “hiper capitalismo desaforado” de Corea del Sur. Por el otro, el “comunismo dinástico” que reina en Corea del Norte.
Dos periodistas, Julián Varsavsky y Daniel Wizenberg, viajaron por separado a cada uno de los lados del Paralelo 38 sin cruzarse, para luego comparar sobre el papel ambas realidades con un efecto periodístico que entiende hasta el que no está inmerso en el tema.
Varsavsky, cronista y documentalista, se sumergió en la cultura surcoreana y se encontró con que por afán a la maximización del rendimiento, la población de este país se ha transformado en una “sociedad del cansancio” que vive atrapada entre la realidad física y la virtual.
Un ejemplo gráfico de ello es la anécdota que Varsavsky cuenta acerca de un matrimonio que en 2008 se conoció jugando a videojuegos, se casaron y tuvieron una hija, Sa-Rang.
Ambos eran tan fanáticos de los juegos online que dejaban a la pequeña sola toda la noche para poder irse a un Pc Bang -un cibercafé barato donde los jóvenes surcoreanos pasan su tiempo libre jugando a videojuegos online- y disfrutar de 10 horas frente a una pantalla.
El 24 de septiembre de 2010 la pareja fue al ciber como cada noche, regresó a las 7 de la mañana y encontró a la pequeña de tres meses muerta. La noticia se hizo eco en todos los medios del mundo y fueron declarados culpables de homicidio por negligencia.

Por su parte, Daniel Wizenberg, politólogo y periodista; hizo lo mismo pero en Corea del Norte. Allí, se encontró con un Estado transformado en el Gran Hermano que todo lo controla y un aislacionismo extremo gracias a la existencia de una muralla digital sin fisuras.
Un ejemplo claro es la explicación que Wizenberg introduce acerca de la prohibición del acceso a Internet global para todos los norcoreanos. Ellos sólo pueden utilizar el Kwangmyong o intranet nacional, un sistema que incluye servicio de correo electrónico, noticias y motor de búsqueda interno pero que es previamente filtrado por el Estado. De esta manera, ningún usuario puede acceder a fuentes de información extranjera ni filtrar información clasificada.
Los periodistas analizan los dos modelos, desarrollan los puntos de conexión entre ambos y demuestran que ambas estructuras funcionan de una manera muy similar. Para ello, aplican la teoría y el concepto de panóptico digital del filósofo surcoreano Byung-Chul Han.
Una anécdota que dibuja muy bien la realidad de ambos países, se da cuando Julián Varsavsky, en su viaje por Corea del Sur, le pregunta a un oficinista de una multinacional “¿Quién es más feliz, el monje budista o un empleado en la oficina?”. A lo que el surcoreano responde: “Para serte honesto, no estoy orgulloso de trabajar en una empresa que me absorve la vida. La niñez de mi hija la perdí completamente porque regreso a casa cuando ella duerme, y si te quejas te acusan de ser un comunista del norte. Yo admiro a los monjes porque pueden viajar, vivir sin mujer, sin dinero, sin saborear un banquete y sin la obsesión por comprar el último smartphone. La empresa no me paga lo que merezco y ellos evaden millones; no tengo vacaciones suficientes para viajar, vivo con estrés y trabajo para pagar la educación de mis hijos, que al crecer repetirán esta rutina. La gran diferencia es que el monje no sufre por aquello que carece. ¿Quién creés entonces que es más féliz?

Los comentarios estan cerrados.