De tal palo tal astilla

4 febrero, 2013

Jorge Virasoro -padre e hijo- trabajan de manera impecable las maderas patagónicas. Siguen investigando y creando objetos bellísimos.

Por: Julie Bergadá.

Era el fin del verano de 1992 en Villa Traful. En su casa, sentado frente al fuego del hogar, Jorge Virasoro -recuperándose de varias vicisitudes personales- se preguntaba qué haría con su vida. Mientras meditaba con un cortaplumas en sus grandes manos, una maderita de radal iba tomando forma de cucharita. Se le ocurrió regalársela a un amigo y luego tuvo que hacer otra y otra… Claro que eran todas distintas. A Jorge la monotonía lo espanta. Finalmente, salió a venderlas y le encargaron más. Al poco tiempo se le animaba a otros objetos.

Comenzó a investigar las maderas, especialmente las patagónicas es decir, de las que abundaban en el parque de su casa familiar. Una suerte de catálogo de árboles delante del cual –y en una construcción ya existente– organizó su taller. Aprendió sobre las herramientas apropiadas y se dio cuenta de que le hacían falta muchas, entonces las ideó y las construyó. Jorge Virasoro es, como muchos apasionados, un verdadero autodidacta.

Dueño de un irónico sentido del humor que se refleja en los “moldes” ideados por él para hacer las distintas piezas que le hacen falta. Los moldes para cortar fichas o para bisagras están prolijamente colgadas en las paredes y presentan leyendas de lo más disparatadas: “fantástico aparato comprado en Bosnia para cortar dominó a 6,3 cm o sea 63 mm”, “maravilloso aporte de Jorge Virasoro a su ego profesional…”. Su favorita es una pieza fallida colgada en el centro del taller bajo la cual escribió: “¡Viste que sos humano, estúpido!”.

Antes de encarar un nuevo trabajo, Jorge lo proyecta y lo dibuja. Elije las maderas imaginando cómo coincidirán las distintas vetas y cómo combinarán los colores. Cada detalle está pensado y trabajado a perfección milimétrica. Las cerraduras y las tapas cierran suave pero impecablemente, las fichas –que adentro tienen un peso para que no se den vuelta– calzan perfectamente en los soportes. Cada pieza que forma el objeto final, es una verdadera obra de arte.

Por el mismo camino va su hijo Jorge, quien durante un año se instaló allí, en Traful. Padre e hijo pasaron todo el 2001 juntos: charlas, caminatas, obviamente paseos por los bosques sureños y aprendizaje, mucho aprendizaje. Como su padre, Jorge hijo comenzó haciendo una cucharita. También hace piezas únicas, cajas que son joyas. Con orgullo muestra un humidor. “Lo más difícil fue encontrarle la vuelta al sistema para mantener la humedad sin estropear la madera o los cigarros” cuenta Jorge hijo, a quien evidentemente le gustan –tanto como a su padre– los desafíos. “Prueba y error es el modo en que hacemos las cosas. Porque nada está hecho así nomás o como nos salga. Cada pieza está hecha con un propósito y tiene que estar perfecta”. También hacen –a pedido– objetos más grandes, como mesas para delante de un sofá o la cabecera de una cama. A veces trabajan juntos, uno hace una pieza y el otro, otra. A pesar de esto, el ensamble es siempre impecable.

Hoy día Virasoro hijo tiene su propio taller en Buenos Aires, pero “los dos Jorges” siguen trabajando en conjunto.

Informes: jorgevirasoro@yahoo.com.ar . Jorge padre, Cel.: (02944) 200939. Jorge hijo, Cel.: (011)49436430.

 

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