Donde brilla la identidad de Escocia

12 julio, 2013

En las alturas, inexpugnable, erguido y vigilante, parece la continuación natural de la gigante roca que lo sostiene. El Castillo de Edimburgo es mucho más que una fortaleza medieval, y desde siglos es el orgullo de una ciudad que crece a su alrededor.

Texto: Marcelo Galeazzi.
Fotos: Magic Memories,
Edinburgh Castle Crown Copyright reproduced courtesy of Historic Scotland
www.historicscotlandimages.gov.uk 

Cuenta con una larga historia, padeció innumerables sitios y asedios, y cambió varias veces de manos entre escoceses e ingleses en sus interminables disputas. Fue un fuerte, una prisión y una residencia real, aunque la mayoría de los monarcas preferían el lujo del Palacio de Holyrood en el otro extremo de la Milla Real. Actualmente el castillo es un museo, con las mejores vistas de la ciudad y alrededores (en un día despejado), donde brillan los tesoros de un pueblo conocido por sus tradicionales polleras y la melodía de sus gaitas.

Los héroes de las batallas de la independencia, William Wallace y Robert de Bruce, hacen guardia en la entrada del Castillo. Y ofrecen una, un tanto hostil, bienvenida debajo del lema “Nemo me impune lacessit” que advierte que ningún ataque quedará impune. En las cámaras del subsuelo una exhibición recrea las condiciones de una prisión en el siglo XVIII. Quedan las huellas de los escapes, los grabados en las puertas de madera y artesanías de los prisioneros de guerra que cumplieron condena en sus calabozos. En el Gran Salón donde los reyes celebraban sus fiestas y banquetes, se realizan dramatizaciones de la época bajo el mismo techo medieval de madera entramada. A un costado se puede ver una ventana secreta, desde donde el rey espiaba a sus invitados.

A la una de la tarde, cuando una cortina de humo envuelve un ala del Castillo, es hora de sincronizar los relojes con los disparos de The One o’clock Gun, un cañón que desde 1861 da una señal de tiempo a los barcos que navegan en el Estuario de Forth y el Puerto de Leith. Para casarse, es posible reservar la pequeña Capilla de Santa Margarita, la construcción más antigua de Edimburgo que data del siglo XII.

Las atracciones más cautivantes se encuentran en el Palacio Real y constituyen los símbolos de la identidad nacional de Escocia. Allí brillan inmaculadas las Tres Joyas de Escocia y la Piedra del Destino. La Corona, Cetro y Espada del Estado fueron usadas por primera vez juntas en el siglo XVII en la coronación de María Estuardo, cuando solo tenía 9 meses de vida. Por más de un siglo se creyeron perdidas, pero fueron redescubiertas por el escritor Sir Walter Scott en un viejo cofre en una habitación del castillo. Para protegerlas del enemigo, fueron escondidas en tres ocasiones: una invasión inglesa y las dos guerras mundiales.

La Piedra del Destino tiene gran valor simbólico para los escoceses. Hay quienes se atreven a atribuirle orígenes bíblicos. Se trata de solo un bloque de piedra, pero una piedra donde se sentaron reyes en sus ceremonias de coronación. En 1950 fue robada de la Abadía de Westminster por un grupo de estudiantes nacionalistas escoceses, e inspiró una película. En 1996 la Reina Isabel la devolvió a Escocia, después de 700 años en Inglaterra. Desde entonces se puede ver en el Castillo, pero será llevada a Londres para futuras coronaciones. Se colocará debajo de la “Silla de Coronación” en la Abadía de Westminster.

Si bien el Castillo es la principal atracción turística de Escocia, también convoca a los locales con eventos anuales. En la Explanada, donde otrora se hacían ejecuciones públicas por brujería, se festeja The Royal Edinburgh Military Tatoo, un desfile de bandas y atuendos donde la ciudad entera se viste de fiesta. En tanto, los jardines al pie de la Roca también reúnen a la ciudad en Año Nuevo, debajo de un cielo de fuegos artificiales.

Pocos íconos amalgaman tanto a una capital europea como el Castillo de Edimburgo. Es el corazón de la ciudad y el centro de su vida social y cultural. Firme y sólido, es orgulloso guardián de sus reliquias y espíritu de la identidad nacional escocesa.

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