El equilibrio de las partes

1 julio, 2018
Texto Carola Cinto

James Corbett es un artista australiano que convierte la chatarra de los autos en valiosas obras de arte.

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Y de repente, algo que parecía inservible, descartable, pura chatarra, lo transforma en una verdadera obra de arte. Las bujías que antes encendían el motor, ahora forman parte del motudo pelaje de un oso polar. Los chapones que antes cubrían el frente de un camión Chevrolet, ahora dan forma al lomo de un jabalí.
A fines de la década de 1960, en Queenslander (Australia), James Corbett era tan solo un niño. Sus compañeros de clase siempre repetían que él sería un artista cuando fuera grande. Mientras algunos de ellos elegían la pelota o los autitos, James se quedaba con sus papeles y sus lápices de colores. “Pude y siempre dibujé”, dijo. Sin embargo, y con el paso del tiempo, esa pasión fue olvidada durante la escuela secundaria: “En aquel entonces, el arte ni siquiera figuraba como asignatura. Una carrera en arte era una idea ridícula para la época. En algún momento quise ser arquitecto, pero realmente no recibí ningún apoyo o estímulo para hacerlo”.
Treinta años más tarde, después de ser el encargado de pintar carteles en las calles de su ciudad y de ser el propietario de un negocio de reciclaje de autos, James se convirtió en artista.

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“Estaba rodeado de todas estas partes, todos los días. Podía ver formas en ellas. Le había dado algunas piezas a un compañero para que su Renault 16 compitiera en una carrera. Como premio, ganó un trofeo hecho con engranajes soldados entre sí. Un día lo miré y pensé ‘Puedo hacer algo mejor que esto’. Y así fue que hice mi primera escultura con piezas de los autos que tenía en el taller”.
Ese momento le cambió la vida para siempre. A la primera obra le siguió otra y luego otra, y después de hacer media docena, se dió cuenta que había encontrado un talento que no sabía que poseía. “Yo siempre les había dicho a mis hijos que aprovecharan al máximo el talento que les había tocado y yo no tuve más remedio que seguir ese mismo consejo. Lo hice al 100% “, afirma.

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Su trabajo es como el de un coleccionista que pacientemente intenta ordenar cada uno de sus artículos. “Cuando trabajo, no doblo los elementos ni los corto. Siempre trato de que cada parte individual permanezca reconocible. El equilibrio entre las piezas de cromo, las mecánicas y algunas de las patinadas o de lata, es realmente importante. Ese equilibrio es el que ayuda a retratar el personaje”.
Ahora, unos 19 años después de aquel tardío comienzo, James es un artista internacional establecido que sigue creciendo en popularidad y continúa exhibiendo regularmente en Australia, Estados Unidos y el Reino Unido. Muchos clientes esperan con impaciencia la llegada de nuevas piezas con cada exposición.

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Como todo artista, también se inspira en otros: “Tengo una gran pasión por la belleza de los objetos mecánicos, el proceso de pensamiento detrás de ellas me resulta intrigante. Me encanta que sean la realización de la visión de alguien. Bugattis, Millers, Porsches y Jaguares son todas hermosas ejecuciones de los pensamientos de algún individuo muy inteligente”.
Sus trabajos son como un rompecabezas resuelto, y no muy diferente a las obras de un impresionista. Los pintores, usan pequeños trazos de pintura individuales para crear una ilusión general de una sola imagen cohesiva. Él usa partes individuales minuciosamente ordenadas, en las que la ubicación de cada pieza es fundamental para la ilusión de vida que intenta darle a cada escultura.

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