El gran escape

7 febrero, 2013

Con sus intensos colores y sus condiciones climáticas extremas, el desierto de Atacama es el destino indicado para esos viajeros que adoran la aventura y los ambientes naturales.

Por: Verónica Ocvirk.

Algún desprevenido podría preguntarse: “¿quién, en su sano juicio, podría querer vacacionar en un desierto?”. Y lo cierto es que sí, que hay quienes lo eligen. En parte por su silencio, o por sus colores, o por su exotismo ante el ojo ciudadano. También por la maravilla de apreciar lo que una sola gota de agua es capaz de hacer en una tierra donde la lluvia no es, precisamente, algo que sobre.

El desierto de Atacama, al norte de Chile, es el más grande de Sudamérica y el más árido del mundo, dato que se desprende de sus escasísimas precipitaciones. Puede mencionarse, por ejemplo, que en todo 2010 llovió allí poco más de diez minutos, e incluso hay sectores donde no llovió… nunca. ¿Será por eso que sus paisajes se encuentran entre los más alucinantes del país? Porque en Atacama hay montañas rojas, volcanes, lagos de un imposible turquesa, salares, géiseres, valles, pueblitos perdidos y hasta flamencos volando en pleno desierto.

El núcleo turístico de este territorio no es otro que San Pedro de Atacama, una comuna de 5.000 habitantes y pintorescas casitas de adobe con una impronta algo similar a la de nuestra Purmamarca. Hasta no hace demasiado tiempo, San Pedro era un destino de mochileros que paraban a dormir en alguna de sus pocas hosterías en su camino a Bolivia, cuya frontera está a solo 50 kilómetros al norte. Pero ese panorama empezó a cambiar hace unos diez años, cuando el hotel Explora, pionero en el alojamiento de lujo en la zona, consiguió contra todo pronóstico atraer a viajeros europeos primero y a otras inversiones turísticas después. Tanto movimiento logró no solo que las autoridades nacionales protegieran varios parajes, sino también un desarrollo autosostenido que no dependiera exclusivamente de la minería. Fue así cómo, sin perder su aire de pueblo andino, San Pedro se ha transformado hoy en la base perfecta para recorrer una región sin equivalente en la tierra.

Alto, muy alto

En medio de ese entorno el hotel Alto Atacama tiene no sólo una ubicación espectacular, sino además varias características particulares que lo vuelven de lo más recomendable: 32 amplias y cómodas habitaciones, un servicio de primera, un excelente restaurant (y un muy completo bar), seis piscinas exteriores, un spa y un ambiente que en general no luce nada pretencioso. Es más: su arquitectura casi se mimetiza con las montañas rojas que lo rodean en un verdadero ejemplo de arquitectura orgánica. Sin ir más lejos: el edificio está pintado del mismo color de los cerros, en tanto sus interiores rinden homenaje al paisaje atacameño con los tonos de la tierra y una atmósfera sosegada. “Si el hotel quedara en Londres seguro hubiéramos apostado a que los ambientes fueran especialmente diáfanos, pero aquí el sol es tan omnipresente, en el exterior hay tanta luz, que lo que necesitábamos era generar un refugio que por sobre todo fuera tenue”, explica el gerente del establecimiento, Álvaro Méndez.

Otra cualidad a favor de Alto Atacama: su enorme y dispuesto equipo de guías que acompañan a los viajeros en una amplia variedad de excursiones (más de 20) con énfasis en la aventura “suave” y el aspecto cultural. Ya al llegar –y luego de instalarse- los huéspedes son recibidos en la sala central, donde junto al personal especializado del hotel pueden planear sus travesías según sus propias inquietudes. ¿Las opciones? Muchísimas: El Pukará de Quitor. Los pueblos de altura. El salar de Atacama (y sus flamencos). El silencioso atardecer en el valle de la Luna. Y Las fantásticas lagunas altoandinas. Así y todo, la estrella indiscutida son sin duda los Géiseres del Tatio, donde en un campo geotérmico a 4.320 metros de altura es posible observar las columnas de vapor, pozas de agua hirviendo, fumarolas y vertientes: todo en medio de un paisaje de increíbles contrastes.

En todos los casos es posible “personalizar” el esfuerzo físico (más o menos caminata, ritmo, cantidad de subidas) a la par que las sorpresas van sucediéndose en el camino: colores, fauna insospechada, paradas en pueblos aislados e incluso suculentos caterings al paso –desayunos, almuerzos, meriendas- que los guías despliegan como por arte de magia en los parajes menos pensados.

GUÍA

Ubicación. El desierto de Atacama se ubica al norte de Chile, entre los ríos Loa y Copiapó, en la Región de Antofagasta.
Cómo llegar. Lan Chile vuela a la ciudad de Calama, que queda a una hora de viaje por ruta de San Pedro de Atacama.
Cuándo ir. El clima es extremo todo el año, con una gran amplitud térmica: cálido durante el día y frío por las noches. Durante los meses de enero y febrero tiene lugar el llamado “invierno altiplánico”, que puede llegar a provocar lluvias.
Qué llevar. Sandalias, traje de baño, varias capas de ropa de abrigo (ropa térmica inferior y superior), polar, zapatillas, zapatos de trekking, pantalones convertibles, rompeviento, bloqueador solar, gorros para el sol, lentes para el sol (con filtro UV), guantes y gorros para excursiones en altura.

 

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