¿Es necesario trabajar tanto?

10 mayo, 2013

Para muchos directivos, la armonización de ambos mundos es un dilema difícil de resolver.

Por: Guillermo Fraile – gfraile@iae.edu.ar

Brindar una vida armónica a todos los miembros de la sociedad para que a todos les sea posible desarrollarse plenamente como personas en los distintos ámbitos donde se encuentran será uno de los grandes desafíos del siglo XXI. Este objetivo, tan necesario como ambicioso, se podrá alcanzar si quienes dirigen las instituciones más relevantes de la sociedad toman conciencia de su importancia y aceptan este desafío, empezando por ellos mismos. Para garantizar una mejor calidad de vida a todas las personas es necesario que el Estado, la empresa y la familia tengan el pleno convencimiento de que la clave para ese resultado es un desarrollo armónico. Esto beneficiará no sólo a cada una de estas instituciones, sino también a la sociedad en su conjunto.

Este artículo intenta dar un aporte para esclarecer la relación entre familia y empresa, y para delinear posibles estrategias que permitan un crecimiento superador de las personas en esa relación.

La familia cumple la función de creadora de sociedad, no sólo en la dimensión de lo biológico, sino también a través de la educación de sus miembros desde el nacimiento. Las empresas, gracias al dinamismo de la actividad económica en el mercado, generan naturalmente una interrelación con las familias; esta interrelación, con la ayuda oportuna de leyes específicas para la promoción de la vida familiar, debería ser fluida y complementaria, para  así fortalecer ambas instituciones.

¿Son estas expresiones sólo un planteo utópico? ¿Están alineados, en la persona del directivo, sus fines particulares tanto en su vida familiar como en lo laboral? ¿Tiene sentido llevar una vida personal que corra el riesgo de no satisfacer nuestras necesidades fundamentales? El directivo ¿está satisfecho con su vida personal? ¿Pone los medios para intentar llevar una vida más balanceada? ¿Lo consigue? ¿Cómo? ¿Cómo impactan en la vida de los demás, sus decisiones? ¿Es consciente de su responsabilidad? ¿Se siente capaz de innovar a la luz de la importancia de la cuestión?

Afortunadamente, para los aspectos más importantes de la condición humana no hay soluciones mágicas, lo que enriquece el aprendizaje de los involucrados. La conciliación de la actividad profesional con la vida personal y familiar es un desafío cuya solución depende exclusivamente de las personas mismas, y dado que somos seres tan complejos en todos nuestros aspectos, encontrar una solución única sería imposible. Lo que intentaremos es ofrecer un esquema conceptual diseñado para entender cómo se nos presenta el conflicto, apoyándonos en información empírica recabada de una serie de encuestas que hemos realizado.

El conflicto

La pregunta es cómo y por qué se genera el conflicto entre la actividad laboral y la vida familiar del directivo moderno. ¿Por qué las empresas notan cada vez más signos de agotamiento y estrés entre sus empleados? Sorprende que se produzca una tensión entre dos realidades tan imprescindibles para la persona, pues el ser humano es esencialmente un ser creado para vivir en comunidad, y prácticamente no hay quien no viva en ella. También nos educamos en comunidad, dado que aprendemos a vivir y a convivir junto con los demás, como es claro que sucede en el aprendizaje que se realiza en la familia.

Es un hecho que cada comunidad educa a sus miembros para los mismos fines para los que ha sido creada. Imaginemos, por ejemplo, el coro como comunidad: su fin es la armonía de las voces, por eso sus miembros se educan para poder usar su voz de la manera más acorde posible. Sucede también en una comunidad deportiva, como podría ser un equipo de rugby, que tiene como fin ganar partidos y cuyos miembros se entrenan para conseguirlo. Pero por sobre todo, la interrelación genera un valor agregado irremplazable en todos los casos.

En el caso de la familia, en el centro están puestas las personas, cada una con su identidad y sus diferencias: varón, mujer, adulto, niño, anciano, saludable o enfermo, etcétera; su finalidad es que sea posible y buena la vida de cada uno, por eso la familia capacita para la vida comunitaria, tanto en los aspectos prácticos como en los aspectos afectivos y espirituales.

En la empresa los fines están especificados en la misión y en la visión, y las personas que trabajan se desarrollan a la luz de esos fines. Algo preocupante está pasando en la sociedad si dos comunidades humanas tan relevantes como la familia y la empresa, a las que pertenecemos grandes cantidades de personas, entran en conflicto entre sí. Esto significa que no están integradas en una sociedad armónica.

Para remontarnos a la génesis del problema, habría que tener presente que la familia, con anterioridad a la Revolución Industrial, no sólo era el centro de la vida de las personas, sino que era también “una unidad productiva”, y en la mayoría de los casos, autosuficiente. En la familia se generaba no sólo la vida biológica, la vida afectiva, la vida educativa, sino también la vida económica y la vida social; todo acontecía dentro de la vida familiar. Pensemos sino, en la vida del campesinado. En esa comunidad no había conflictos por problema de agenda, y por eso había una potencial armonía entre las distintas actividades humanas. Era en el ámbito familiar donde se daba el crecimiento personal y también el laboral; era en el seno de la familia donde cada uno desarrollaba sus proyectos.

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