Estambul, un tesoro entre Oriente y Occidente

5 octubre, 2016
Texto_Denise Skurnik / Fotos_Rob Whitworth y Archivo Prime

Repleta de gente, colores y olores característicos, se alza esta ciudad tan única como encantadora. Habiendo sido la tierra de monarcas, escenario de guerras continuas y peregrinaciones, hoy se asienta como un destino turístico en auge que invita a miles de personas a conocerla, caminarla y descubrir en ella un poco de su forma de vida.

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Hace ya algunos años, Estambul comenzó a incluirse en los circuitos turísticos europeos. Si bien se le podría aducir el mérito a las compañías aéreas que incrementaron la frecuencia y los vuelos hacia Atatürk (su aeropuerto), lo cierto es que también habría que tener en cuenta el gusto por lo exótico y la necesidad de los turistas de salir del recorrido habitual para conocer culturas completamente distintas. Entre los puestos callejeros de shawarma, sus mezquitas y la muchedumbre que se agolpa alrededor de las calles del Gran Bazar, Estambul ofrece todo.
Sin embargo, y teniendo en cuenta las agendas apretadas con las que hoy en día se planifican los viajes, no siempre se puede conocer cada recoveco, sino que lo recomendable es seleccionar y elegir de antemano adónde ir. A la hora de llegar, es mejor contar con un itinerario, de manera que se pueda conocer la esencia de la ciudad y sentirse parte de la misma, aunque sea por unos pocos días.

En el Gran Bazar se consiguen productos típicos y artesanales.

En el Gran Bazar se consiguen productos típicos y artesanales.

Plan de viaje

Para comenzar a vivenciar todo lo que esta ciudad tiene para ofrecer, lo ideal es empezar a caminar desde un punto neurálgico de la ciudad vieja: el parque Sultan Ahmet. A su alrededor, la variedad de locales comerciales y de restaurantes para sentarse o comer al paso, es casi infinita. La magia reside en elegir un sitio un poco más alejado, en donde los que predominen sean los locales y no tanto los turistas ávidos de una comida para recargarse.

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La mezquita Santa Sofía se encuentra a unas pocas cuadras y realmente vale la pena conocerla. Construida sobre uno de los puntos más altos, este templo, cuyo nombre hace referencia a la sabiduría del santo, compone una postal clásica de Estambul. Frente a ella, y separada por un gran espacio verde, se encuentra la Mezquita Azul. La misma obtiene su nombre gracias a los más de 20.000 azulejos que adornan su interior. Ambos sitios dan un pantallazo de la importancia que se le da a la religión, en la que más del 90% de la población es musulmana,  y cómo se cuida y venera a estos espacios de rezo.
Para finalizar la jornada, uno de los lugares que merece la pena, aunque sea solo para verlo, es el palacio Topkapi. Esta construcción de 700.000 metros cuadrados, con cuatro patios y salas de armas, salón de audiencia, cocinas y más, demuestra la opulencia de los sultanes que se sucedieron a lo largo de la historia de la ciudad. En la actualidad, Topkapi está abierto al público como un museo.

Luego de un merecido descanso, con parada previa para desayunar un té turco, un clásico entre los lugareños que se consume regularmente en vasos pequeños de cristal, le toca el turno al Gran Bazar. Situado en el centro de la ciudad vieja, alberga más de 3600 tiendas que ofrecen productos típicos como lámparas, alfombras y antigüedades de todo tipo. Además, en un sector más alejado, se pueden adquirir también réplicas de marcas mundialmente reconocidas. Lo que hay que tener en cuenta es que el Gran Bazar tiene más de 58 calles, por lo que lo más probable es que uno no pueda volver a encontrar ese negocio que tanto le gustó, así que, si hay algo que realmente se quiera comprar, hay que llevarlo en el momento, luego de regatearle el precio al vendedor (algo casi obligatorio).
Siguiendo por las callejuelas que rodean a este mercado, considerado uno de los más grandes del mundo, se llega al Bazar de las Especias en donde se pueden encontrar los platos típicos del país, como también condimentos exóticos y algunos souvenirs para llevar de regreso. Otro de los días en Estambul hay que dedicarlo definitivamente a un recorrido por el estrecho del Bósforo (que separa a la ciudad entre su lado europeo y asiático). Justo al lado del puerto se alzan varios puestos que venden paseos en barco de media jornada, que llegan a visitar Üsküdar, del lado oriental. Para los más ansiosos, también está la opción de contratar un viaje de una hora por no más de 10 euros (al cambio de la lira turca, la moneda local). Contemplar el paisaje desde el agua es una de las vistas más lindas de la ciudad.

Otra de las cosas que se pueden hacer cerca del puerto es la visita a la Torre de Galata. Pasando por la parte baja del Puente de Galata, que alberga restaurantes típicos, se llega a esta construcción que data del siglo XVI y que es una de las más altas de todo Estambul. Se puede ingresar a los pisos superiores a través de ascensores que llegan a una confitería, o, bien, durante la noche, se puede cenar y ver espectáculos turcos en el salón principal.

Una de las últimas visitas obligadas es un paseo por la parte más moderna y occidental. Partiendo desde Plaza Taskim, el antiguo centro de distribución de agua, se puede caminar por la peatonal Istiklal Caddesi. La misma se encuentra atravesada por un pequeño tranvía, que traslada principalmente a los turistas, y que le da un toque clásico y romántico a toda la imagen. Entre los puestos de kebab y heladeros callejeros (que sorprenden más por la habilidad de manejar el producto, que por el sabor del mismo), se asoman todas aquellas tiendas de moda de marcas conocidas, como también negocios de primera línea.
Si aún queda tiempo, otra de las paradas bien podría ser en la Cisterna Basílica. Este antiguo depósito de agua, conocido como “palacio sumergido” es capaz de contener hasta 80.000 metros cúbicos y, aunque hoy no se usa, sigue siendo un buen lugar para visitar. El detalle es que, escondidas entre las columnas y plataformas, se encuentran distribuidas dos cabezas de Meduza que, según cuenta la leyenda, están volteadas para aplacar los poderes de este ser mitológico (capaz de petrificar a la persona que lo mirase a los ojos).

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Habiendo dedicado algunos días a una ciudad tan diversa y completa como es Estambul, es momento de partir con el corazón lleno. El regreso al hogar estará colmado de recuerdos y momentos para compartir; Estambul seguirá estando allí, tan bella y detenida en el tiempo como siempre.

Cómo llegar

Turkish Airlines tiene vuelos diarios desde Buenos Aires a Estambul.Salen de Ezeiza 23:10 y arriban a la capital turca a las 22:10; y de regreso, parten de Estambul 9:25 y llegan 21:35 a Buenos Aires.

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www.turkishairlines.com

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