EXPLORA Patagonia

6 enero, 2016

Texto: Agustina Seeber / Fotos: Gentileza de Explora

El arte de viajar a lo remoto

Viajar a lugares remotos tiene un sabor especial: es entrar en contacto con lo desconocido y dejarse sorprender. Abrazar la naturaleza en su estado más puro y salvaje es un viaje hacia uno mismo, una oportunidad para desplegar el alma y pulir los sentidos. A flor de piel: así se vive una experiencia Explora en el fin del mundo.

Son cinco horas por tierra las que hay que hacer desde El Calafate para llegar al Parque Nacional Torres del Paine, un paraíso recóndito en el sur de Chile. Desde un comienzo, los paisajes demandan toda la atención, y entonces no queda más que el presente y un incipiente verde en la vegetación que anuncia la transición a suelo chileno. El Lago Sarmiento y los guanacos al borde del camino indican que un poco más adelante se podrán ver las Torres del Paine, las tres agujas de granito que le dan nombre al Parque.

Turistas de todo el mundo se aventuran, especialmente de noviembre a abril, para llegar a este escenario natural donde el azul manda. Formaciones rocosas, sierras nevadas, glaciares, lagos, arroyos que surcan valles y una flora abundante pintan uno de los cuadros más espectaculares. Se mire hacia donde se mire, el horizonte parece cambiar en cada momento y no hay foto que capte la magia de esta tierra que guarda entre lengas y rocas secretos de miles de años.

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El lujo de lo esencial

Esta es la filosofía que sustenta los cimientos del Hotel Salto Chico, el cálido lodge de Explora, ubicado en pleno corazón del Parque, a orillas del Lago Pehoé. Enormes ventanales en cada uno de los espacios, y en casi todas las habitaciones, proveen una fantástica vista al Paine Grande y sus míticos Cuernos. Dormir a la sombra del gran macizo y al son de la cascada Salto Chico es el verdadero lujo del hotel, que cuenta con las comodidades necesarias para un descanso profundo y renovador, nada más y nada menos. Los sonidos de la naturaleza es todo lo que se puede oír y no hay televisión que interrumpa esa paz. Es que este viaje invita a despojarse de lo accesorio, para conectarse con el entorno y lo esencial. Y no hay otra forma de hacerlo que saliendo.

Cada tarde los guías, un equipo especialmente entrenado y experto en la región, se reúnen con los visitantes para planificar las excursiones del día siguiente. En una atmósfera de entusiasmo, acompañada por un trago del open bar, se puede escoger entre un menú de 50 exploraciones, de nivel básico, intermedio y avanzado, full day o half day.

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La naturaleza propone y uno dispone

Dicen que el mundo es de quien toma ciertos riesgos. Y de eso se trata: de desafiarse, de ir un poco más allá de lo que uno cree y llegar a la cima, algunos literal y otros metafóricamente. No importa si es a paso lento o más rápido, lo que importa es exponerse sanamente a la naturaleza, descubrir y entender para sentir.

El único requisito para realizar las exploraciones es contar con predisposición para la vida al aire libre, aunque llueva o haya vientos fuertes, ya que los abruptos cambios del clima no son más que otra excusa para sentirse realmente vivos. Solo la indumentaria adecuada y un buen calzado bastan para sumergirse en las maravillas geográficas del Parque.

Una de las imperdibles es la caminata al Glaciar del Valle del Francés, una excursión de 8 horas aproximadamente. Primero se cruza el Lago Pehoé en catamarán. Como en una película épica, las montañas se alzan a los costados y se abren paso haciéndolo sentir a uno diminuto. Entonces se puede adivinar por qué el nombre “paine”, que significa “azul” en la lengua aónikénk: todas las aguas de lagos, lagunas y ríos pasan de azules a turquesas y celestes; algunas espejadas, otras más cristalinas, según el viento y la cantidad de sedimentos que arrastren.

Una vez del otro lado, desde el Refugio Pehoé, con algunos frutos secos y chocolates en la mochila, se emprende la caminata de nueve kilómetros más o menos hacia el Campamento Italiano, justo al pie del Glaciar Francés y del río que desciende a fuerza bruta por el valle. Pero el fin no es llegar, sino disfrutar del camino: el trekking permite apreciar desde miradores el lago Skottsberg, glaciares colgantes, cerros y el reflejo de los rayos del sol en la nieve de sus picos. A medida que se avanza, pareciera que los Cuernos se fueran a venir encima. Y cada vez más cerca, se puede reconocer en detalle la característica geológica de estos gigantes: sus paredes de granito y la roca metamórfica que corona sus cumbres.

Para aquellos que quieran tenerlos casi al alcance de la mano, desde el Campamento Italiano, con solo ascender 45 minutos por una morrena, a unos 500 metros de altitud aproximadamente, pueden asegurarse un picnic en el Plateau, con espectacular vista al lago Nordenskjöld y ubicación en primera fila para observar las avalanchas que explotan y caen ahí nomás en la cumbre del cerro Paine. La imagen desde allí arriba, la sensación de haberlo logrado y una reconfortante sopa de zanahoria es todo lo necesario para recargar energías y emprender el camino de vuelta. Los más osados y a paso veloz pueden llegar aún más alto al Campamento Británico.

La idea es siempre andar al propio ritmo y nada mejor que hacerlo con la compañía de los guías que, como excelentes anfitriones, lo reciben a uno en su casa, señalando las diferencias entre lengas, ñires (de un particular aroma a canela) y coihues, las tres especies de árboles que predominan en la región. Es parte de la travesía beber el agua fresca y pura de los arroyos que provienen de los glaciares, y hasta probar los frutos de la chaurra y el calafate —aunque dice la leyenda que quien lo hace se queda en la Patagonia—.

La exploración half day hacia el Mirador Cóndor, a 250 metros de altitud, es una de las más recomendadas. Una caminata en ascenso durante una hora y media aproximadamente, en la que se pueden cruzar guanacos y liebres, es el pase a una de las mejores panorámicas del Parque. Caminar cuesta arriba vale la pena si uno puede casi tocar las nubes con las manos y observar, con suerte, el vuelo de un cóndor. Todo en un giro de 360°: el macizo del Paine, el Campo de Hielo Sur, el cerro Ferrier, y hasta Argentina, si no está muy nublado.

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Las cabalgatas merecen un capítulo aparte. Explora cuenta con sus propias caballerizas donde se crían equinos especialmente entrenados en el terreno, para disfrutar de una amplia variedad de paseos, al galope o al paso, de acuerdo al nivel de cada uno. Las excursiones, lideradas por los gauchos, parten desde las caballerizas mismas o la Estancia 2 de Enero, desde donde se puede recorrer la pampa, atravesar bosques de lengas y abrirse paso por el terreno quebrado, con vista a la inmaculada Laguna Azul, a las Sierras Baguales y al Río de las Chinas. Lo ideal es combinar una cabalgata medio día con el almuerzo en el Quincho, una experiencia gourmet única. El ritual comienza con unas deliciosas empanadas de pino y continúa con un cordero al asador, ya famoso entre los aventureros.

Luego de este banquete, algunos elegirán tomar otra cabalgata o, tal vez, volver al hotel para un momento de relax en el jacuzzi al aire libre sobre el Río Paine y al pie de Sierra del Toro.

Regresar a las comodidades esenciales luego de un día outdoor es parte del arte de viajar. En ningún momento falta algún aperitivo para degustar: la gastronomía Explora se hace presente a cada instante. De inspiración francesa, la cocina contempla auténticos sabores, alimentos saludables y ligeros, algunos elaborados con productos locales. Los pescados son bien frescos, las pastas no faltan y los postres son una delicia, entre ellos, el parfait de castañas. Unas exquisitas vinagretas (cítrica o de hierbas) condimentan las ensaladas. Y entre los platos principales, unos ñoquis de porccini con salsa de queso azul o merluza austral con zanahoria a la miel pueden ser algunas de las opciones. Cada paso se marida con una copa de vino diferente, entre los que hay que probar un Carménère, cepa emblemática de nuestro país vecino.

Y hay muchos secretos más, pero son solo de quienes los descubran: la Patagonia no se cuenta, se explora. Y si uno se queda con ganas de más, siempre estará Explora Atacama y Rapa Nui. Pero esas ya son otras aventuras.

Más información: www.explora.com

Datos útiles

Explora es una opción original para viajes corporativos y de incentivo. El hotel consta de una sala totalmente equipada para presentaciones y otra de reuniones. Además, las exploraciones, que se realizan siempre en grupos no mayores de ocho personas, son el complemento ideal para trabajar la interacción grupal, fortalecer los lazos de los equipos de trabajo y propiciar instancias únicas de liderazgo.

Cómo llegar

Se llega al Parque Nacional Torres del Paine desde El Calafate. Desde allí, son cuatro horas por tierra hasta la frontera con Chile, donde una camioneta Explora aguarda para realizar el trayecto final hacia el hotel.

Para conectar Buenos Aires – El Calafate, LAN ofrece servicios de vuelo: www.lan.com.ar

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