Freixenet, un paseo por la tierra de las burbujas

23 noviembre, 2016
Texto  Luis Lahitte

El cava es un vino espumoso típico de Cataluña, en particular de la región del Penedés. Allí se elabora esta deliciosa bebida espumosa con una historia sobre sus espaldas, digna de una saga vikinga.

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La historia de los vinos catalanes es antiquísima pero, en el caso del cava, el vino espumoso local, los pioneros fueron dos familias de la región. A principios del siglo XX, Pere Ferrer Bosch, hijo de La Freixeneda, una finca del siglo XIII flanqueada por fresnos (de ahí el nombre de la bodega), se casó con Dolors Sala Vivé, la hija de Joan Sala Tubela, quien tenía la primera marca exportadora de vinos de Saint Sadurní d’Anoia, lo que dio el puntapié inicial a la industria del cava. Y así fue: en 1914, también en Saint Sadurní d’Anoia, la flamante sociedad conyugal se lanzó a la producción del cava o “champany”. Este estupendo vino espumoso es la versión catalana del champagne que, por un tema de denominación de origen, debió buscar otro nombre, por supuesto, producido bajo el método “champenoise” o tradicional, con la segunda fermentación en botella.
Así comenzó una carrera meteórica, impulsada a base de gas carbónico, donde la familia Ferrer Sala logró posicionar el cava, no solo en España, sino en el resto del mundo. En 1941 lanzaron al mercado uno de los highlights de la empresa, el Carta Nevada, y en 1974 el Cordón Negro, con una botella negra como la obsidiana que, contra todas las reglas del marketing de la época, logró hacer saltar la banca.

Saint Sadurní d’ Anoia

El edificio principal de la bodega, construido en 1927 por el famoso arquitecto Josep Ros i Ros, se encuentra en este pequeño poblado. En Saint Sadurní está el centro de operaciones de Freixenet. Y al igual que en muchas de las grandes cavas, lo más importante no está a la vista. Bajo tierra se extiende un complejo que alberga cientos de miles de botellas distribuidas en ocho pisos. La superficie total del complejo es de 150.000 m2, que es el equivalente a 15 estadios de fútbol. Este vino se produce con las cepas locales Xare-lo, Macabeo y Parellada. El tríptico de uvas se mezcla en las proporciones que dispone el enólogo, oráculo que sabe interpretar lo que necesita la bodega, para lograr el exquisito cava.

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Segura Viudas y Casa Sala

Otra de las bodegas de fuste de la familia es Segura Viudas. Tiene un pasado para llenar tomos, pero valga decir que su antecedente más remoto viene de cuando los sarracenos campeaban por Cataluña cimitarra en mano. En 1982 lo adquirió la familia Ferrer y pasó a formar parte del grupo Freixenet, conservando la marca Segura Viudas, sinónimo de cava de calidad. Actualmente la bodega se maneja de forma independiente. También dentro del Penedés existe una pequeña localidad llamada Sant Quinti de Mediona, donde se elabora el cava más excelente del Grupo: se trata del Gran Reserva de Casa Sala, del que solo se producen alrededor de 15.000 botellas anuales. Allí fue la génesis del cava, donde la familia elaboró su primera botella hace más de cien años. Este cava Brut Nature duerme durante ocho o nueve años en botella, es armónico, elegante, estructurado y cuesta aproximadamente 40 euros la unidad.

Freixenet en el mundo

Se pueden decir muchas cosas del negocio del Grupo Freixenet menos que es endogámico en materia de negocios. Cual conquistadores del Renacimiento, a partir de la década de 1980 y montados sobre la ola del milagro español, la familia realizó una serie de adquisiciones a nivel internacional, entre las que se encuentra Finca Ferrer en Mendoza, Argentina. También invirtió en España en otras zonas vitivinícolas de gran reputación como Rioja, Ribera del Duero, Priorat y Montsant. En total son veintitrés bodegas en tres continentes, una cifra que no deja indiferente a ningún enólogo.

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