Fuego otoñal

24 junio, 2016
Por • Julián Varsavsky

Otoño es la estación más fotogénica para viajar a Ushuaia, cuando Tierra del Fuego cambia de color por diez días, y sus bosques de lenga y ñire se tornan rojos y amarillos.

Ya desde la ventanilla del avión, al sobrevolar el estrecho de Magallanes, se vislumbran los bosques andino-patagónicos “en llamas”. Es pleno otoño y el fin del mundo se tiñe de rojo, amarillo y naranja por unos días. Y junto a los lagos y arroyos se agregan el verde perenne de los coihues y los manchones blancos de las nevadas a destiempo.
Destaca el rojo “mana” de los árboles de lenga, cuyas hojas van muriendo antes de caer. El amarillo y el naranja brillan en las enramadas de los ñires con aroma a canela.

Y en contrario del sentido más común, la primavera no es entonces la estación más colorida, sino el otoño.

Los rojos y amarillos del bosque predominan al pie de las montañas y trepan decenas de metros las laderas. Los sectores más accesibles para acercase a ese “fuego” son dos. El mejor es la aerosilla del glaciar Martial -a 7 km de la ciudad-, con la que se asciende un kilómetro y se “sobrevuela” el bosque multicolor, para continuar a pie entre la vegetación virgen y cruzar un arroyo por un puente de madera. Luego de una hora y media de caminata por las laderas, se llega al glaciar Martial, que parece colgado de la montaña.
Los ñires son el quince por ciento del bosque: algunos se tornan amarillos y otros naranja (a veces un ejemplar puede ser bicolor). En cambio, el verde del coihue es el cinco por ciento de los árboles.

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En la parte más alta de las laderas, los bosques cambian de color unos días antes por las bajas temperaturas. Tanta belleza tiene una explicación científica: las hojas pierden su clorofila y quedan los pigmentos amarillos y rojos. Y el árbol se apresta a pasar el invierno: al no tener hojas que alimentar, la savia se concentra en la base del tronco. Las lengas y ñires tienen hojas pequeñas y frágiles que no resisten el frío ni el peso de la nieve; entonces caen. En cambio las hojas del coihue son gruesas y firmes, resistentes a los embates del clima.
El segundo sector clave para entrar al bosque otoñal es el Parque Nacional Tierra del Fuego, que se recorre en vehículo y a pie por diferentes sendas que justifican una visita de día completo.
Dentro de Ushuaia, el city tour en bus double-decker al estilo inglés lleva a varios puntos panorámicos donde se ven las variaciones en rojo del paisaje, como los miradores de Las Hayas y La Misión.

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Pero los lánguidos paisajes otoñales fueguinos tienen su punto cumbre de contemplación zen: el trekking a la laguna Esmeralda, un largo sendero que obliga a transpirar la camiseta y premia el esfuerzo. La excursión parte en vehículo desde Ushuaia, veinte kilómetros hacia el norte para detenerse en plena ruta y caminar por un sendero señalizado que entra al bosque. En el camino se van cruzando arroyos por puentes de madera entre un bosque de lengas “encendidas”.
Al fondo del valle, se levanta una cadena de montañas y el sendero sube un cerro rocoso. Por su filo se llega a una gran hoyada: en su centro está la laguna inmóvil color esmeralda, casi redonda. En la orilla, unos troncos secos sirven de asiento para un almuerzo de antología en soledad, frente a la quintaesencia del paisaje patagónico otoñal “prendido fuego”.

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Instituto Fueguino de Turismo,
Av. Maipú 505, Ushuaia.
T> (02901) 423340
www.tierradelfuego.org.ar

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