Gastronomía sobre ruedas

3 septiembre, 2012

Dos opciones para hacer programas gourmet novedosos a un tiro de piedra de la Ciudad de Buenos Aires.

Texto Luis Lahitte
Fotos Bebe Tessio

¿Gastronomía y automovilismo van de la mano? Por raro que parezca, la respuesta es sí. Cuando a principios del siglo XX los automóviles comenzaron a ser accesibles para buena parte de la población, surgieron guías como la francesa Michelin, proveedora de la industria automotriz, interesadas en brindar información fidedigna a los nuevos automovilistas acerca de lugares turísticos de interés y de sus posibilidades gastronómicas. Porque el automóvil permitió viajar, un concepto novedoso en aquel entonces, a muchas familias que hasta ese momento vivieron atadas a su ciudad o terruño.
Para no perder el espíritu pionero y sibarita de los primeros automovilistas, cerca de Buenos Aires hay un destino poco ortodoxo para aquellos que disfrutan del volante y de la buena mesa. Estos gourmets sobre ruedas pueden visitar Cabaña Piedras Blancas, una fábrica artesanal de quesos situada a una hora y media de Buenos Aires, en la localidad de Suipacha (hacia el oeste sobre la Ruta Nacional 5), programa sin duda muy interesante para los que lo sepan apreciar.
Allí los recibirá Marcelo Lizziero, un simpático y corpulento lugareño, socio del emprendimiento que, previo video y charla introductoria, llevará a los visitantes a conocer el interior de la planta. Se puede ver la sala de elaboración, el laboratorio, y las cámaras de afinado repletas de quesos. El epílogo se hace con una degustación de los productos de la casa a base de leche de vaca (Camembert y Brie), oveja (Manchego o Pecorino) o cabra (Crottin, Cabrambert, Feta y Chevrotin). También se pueden comprar otros quesos para llevar, como el Reblochon, Cendre (una curiosidad con cobertura de carbón vegetal), Rondelle o Lusignan.


El programa puede continuar con un almuerzo en el Establecimiento La Escuadra, un restaurant en las afueras de Suipacha especializado en carne de jabalí, dotado de un criadero poblado por unas cincuenta bestias de afilados colmillos que inspiran respeto al más temerario. El factotum del proyecto es Ernesto Weigandt, un pintoresco y expansivo descendiente de alemanes. Ernesto alimenta y carnea a los jabalíes y los cocina en una olla o en un gigantesco horno a leña, para luego servirlos en un comedor rústico. Que nadie espere nouvelle cuisine, sino platos abundantes que hubieran encantado al mismo Obelix.

Estas visitas deben ser previamente coordinadas y forman parte de la llamada “Ruta del Queso”, nombre un poco ambicioso para un circuito que aún está en su génesis; no obstante, nuestra recomendación pasa por hacer estos dos programas, los más entretenidos y telúricos. Para arreglar los detalles hay que llamar previamente al (02324) 15 69 4972.

 

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