Las mil y una noches en Marruecos

29 agosto, 2017
Por Carlos Aime

Entre especias y platería, serpientes encantadas emergen de sus canastas al son del pungi en viejas ciudades de palacios y mosaicos. La vida es un cuento en Fez y Marrakesh.

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La vieja Fez

¿Quién dijo que solo el vino con los años se pone mejor? Las ciudades también y es el caso de Fez, un mundo aparte escondido entre murallas. Conocida como “El Bali”, que significa “vieja” —es del año 800—, se la ama por antigua, aunque está más viva que nunca.
Fez se encuentra al pie del monte Zalagh y está considerada como el centro espiritual y cultural de Marruecos. Es una fusión de cultura andaluza, judía y musulmana. Las distintas influencias religiosas crearon un ambiente espiritual único. Cinco veces al día suena la campana y todo se detiene para rezar mirando hacia la Meca. El resto del tiempo, Fez es puro movimiento.
Ingresar a la antigua medina —ciudad— es sin dudas un viaje en el tiempo, ya que la infraestructura e incluso las costumbres se mantienen tal como fueron en las épocas doradas. Por ejemplo, los automóviles apenas pueden ingresar, ya que las angostas calles no lo permiten, y las mercaderías deben ser transportadas por el hombre o en burro. El tránsito de productos va y viene, y colman paredes y pisos de las miles de pequeñas tiendas, 10539 para ser exactos, por lo que el visitante debe comprar desde la calle.

Los mercados tienen productos de belleza, sedas, alfombras, cerámicas… Incluso se puede ver cómo en unos cuencos gigantes reposan tintas que se utilizan para teñir todo tipo de cueros; un espectáculo con olfato. Todo allí es artesanal y ver a los hombres trabajar con sus manos hipnotiza, especialmente, a los metaleros, que crean en oro y plata joyas únicas.

Dentro de la ciudad vieja hay una zona más residencial, donde arabescos y mosaicos relatan historias de sultanes que mandaron a construir increíbles palacios con sus fuentes y jardines. Se los puede ver en todos lados. Mármol, agua y verde son la alquimia de la magia marroquí.
Recorrer la vieja medina puede implicar perderse entre pequeñas callecitas que serpentean y se cruzan unas con otras sin aparente criterio geométrico; por eso conviene hacer el recorrido con un guía que conduzca por la ciudad.
Todo es sobre los sentidos: el roce de la piel con ropas livianas y finas, los sabores de las centenarias especias que condimentan la comida, la infinita precisión de pequeños mosaicos que visten paredes y arcos, los aromas de perfumes y esencias, y el sonido de la cítara.

Mágica Marrakech

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Marrakech tiene dos caras: la vieja y la nueva. Historia y modernidad conviven una junta a la otra. Aunque la vieja ciudad entre murallas de 19 km de longitud tiene su encanto, la nueva parte no se queda atrás. Los jardines son denominador común de un lado y del otro. Al caer la tarde los destellos del oro se fusionan con los rayos dorados del sol, provocando un efecto de ensueño; momento ideal para explorar a pie, en bicicleta o en “barouche”, tradicional carrosa tirada por caballos.
Los mercados de la vieja ciudad están organizados por sectores: Cherratine, para finas piezas de cuero, Zrabi para alfombras, Seffarine para cobre… No por nada Marrakech es considerada una de las capitales del arte y del diseño. Aquí lo tradicional toma caminos innovadores, y se mueve entre lo clásico y lo moderno. En Guéliz, las tiendas de diseño, las galerías de arte y los cafés literarios expresan esta faceta marroquí.

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Los jardines son uno de los principales atractivos, con sus palmeras, jazmines y flor de naranjos. Son verdaderos oasis en la ciudad. Dos de ellos son los Jardines de Menara, con sus olivos y lago artificial; y el Jardín Majorelle. Otro de los espacios verdes emblema es el Parque Ársat Moulay Abdeslam, uno de los más antiguos. En el parque hay estaciones con guías virtuales, donde uno puede informarse sobre la ciudad y el parque en sí mismo, su flora y fauna.
Otros de los hitos para ver son el Palacio de la Bahía o de la Belleza; la Madrasa de Ben Youssef, una de las joyas icónicas de la construcción marroquí; el Palacio Dar M´Nebhi que funciona como el Museo de Marrakech, donde se exhibe tanto arte contemporáneo como el legado cultural de Marruecos; las tumbas saadíes; y el Palacio El Badi, fuente de meditación del mundo musulmán.
La plaza de Jemaa el Fna es el corazón viviente de la ciudad. Allí hay quienes leen la fortuna, bailarines típicos que se mueven al son de las “krakachs” y hasta encantadores de serpientes. Una sinfonía de voces y la energía vibrante de la cultura y la leyenda se entremezclan entre realidad y ficción.

Dónde hospedarse

Riad Fez forma parte de Relaix & Chateaux. Imagine un patio al estilo andaluz con toda la elegancia y sofisticación, entre plantas y piletas. Patios, jardines y habitaciones conservan el estilo marroquí y a la vez introducen el diseño de vanguardia asegurando una experiencia deluxe en la vieja medina de Fez. Los dos restaurants del hotel son opciones exquisitas para disfrutar de comidas tradicionales y modernas, ¡donde también se pueden tomar clases de cocina!
www.riadfes.com/es/

La Sultana forma parte de Small Luxury Hotels of the World,  y es uno de los pocos pequeños hoteles cinco estrellas de lujo de Marrakech. Se ubica en Kasbah, dentro de la Medina. La Sultana captura el encanto y la elegancia de los palacios de antaño, ofreciendo a la vez modernos servicios y experiencias a medida. Corredores y cámaras crean un efecto laberinto propio de la arquitectura marroquí. Cada habitación de las 28 suites tiene propio diseño y decoración. El restaurant sirve típica comida marroquí de acuerdo a la estación. Uno de los clásicos es el cordero con cuscús y vegetales. La cena se ofrece en el sofisticado patio o en la terraza, con una vista a la ciudad y las cumbres nevadas de las montañas Atlas. El spa: imperdible.
www.lasultanahotels.com/marrakech

La Mamounia: además de ser una gran opción para hospedarse, cuenta con tres restaurants: uno marroquí, un segundo italiano y otro francés.
www.mamounia.com/es/

 

Experiencias inolvidables en Marrakech

Volar en globo aerostático, acampar una noche en el desierto, luego de llegar en camello, y un trekking en el Parque Nacional Toubkal.

Un sabor

La especialidad marroquí es Tangia Marrakchia, un guisado de carne típico.

La cultura del bienestar en clave oriental

Si hay un programa que uno no puede perderse es el circuito de hammans, spas y termas. Belleza y cuidado se dan la mano y los tratamientos milenarios sanan cuerpo y alma.

 

Del mercado a la valija

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No tentarse no es una opción cuando uno surfea entre alfombras de quién sabe cuántos hilos, piezas de cerámica, especias de todos los colores, finas telas y cueros. Además de dejar espacio en la valija, estos son algunos de los tips para tener en cuenta a la hora de comprar.
La regla, ante todo, es regatear. Apuntar a la mitad de precio que se ofrece y a partir de ahí negociar. Evitar las muestras de entusiasmo. No caer en la seducción del té de menta gratis—que por cierto es típico de allá y exquisito—, ya que luego lo querrán cobrar. No admitir que es la primera vez que uno está ahí, sino decir que ya ha estado en otras oportunidades. Y cuando sea el momento, retirarse lentamente negando con la cabeza.

DATOS ÚTILES

Biblos Travel
Arturo Etchegaray
T> 50317745
aetchegaray@biblostravel.com

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