Llegar a Praia do Rosa

1 mayo, 2012

Cuando se tiene tiempo, una de las mejores cosas es viajar en auto. Viajar sin horarios. Salvo los dictados por la prudencia y por el hambre.

Julie Bergadá

Después de Porto Alegre, hay que seguir para Florianópolis y luego en dirección a Garopaba se ve el cartel que indica Praia do Rosa. Ni de, ni da, es Praia do Rosa. ¡A lo sumo Praia!

Un paraíso que el turismo internacional descubrió en los años ‘70 como meca del surf. Praia do Rosa fue el lugar de moda, donde estaba el ruido. Muchos argentinos hicieron de éste, su lugar en el mundo y se construyeron casas. Todos querían ir a Praia do Rosa y, como sucede con los lugares cuando están muy de moda, se vuelven casi insoportables. Pero hace ya un tiempo que Praia do Rosa ha encontrado su equilibrio: uno perfecto entre lo casual y lo sofisticado.

Sigue siendo el lugar para surfear en alguno de los “cantos”, el norte o el sur, y a la vez ha logrado mantener sus cuatro cuadras de “centro”, las calles de tierra circundantes plagadas de escondidas y encantadoras pousadas, restaurantes sin estridencias y con muy buenas cocinas y música. Una costumbre que cada vez se usa más es la música en vivo. Y no solo música brasilera, hay también jazz y recorridas por temas de Simon & Garfunkel, Beatles o Rolling Stones ¡no siempre bienvenida si la idea es conversar!

No hay GPS que valga: hasta que uno no percibe cómo es la geografía de Praia do Rosa, no se entiende el lugar. Una serie de morros y de lagunas de agua dulce se interponen entre la ruta y la playa. Praia do Rosa es –aunque sin dudas la más especial– una de las tantas bellas playas del Estado de Santa Catarina. En el Canto Sur se encuentran los únicos restaurantes, en el resto de la playa solo encontrará arena y un poco más hacia el norte, los chiringuitos. Imagínese la situación: caminata hasta el barcito, vuelta a la reposera con choclo y caipirinha en mano y todo el mar delante de sus ojos… ¡Qué más! Solo los vendedores de pareos y remeras, que este año han incorporado el pago con tarjetas de crédito. Si uno se tienta y no tiene efectivo, hay un par de vendedores que tienen Posnet… y ahí nomás, en la arena, le hacen firmar el cupón de American Express.

Por las tardes recorrer la calle central del mini pueblito de Praia y las callecitas adyacentes, especialmente Caminho Do Rei que trepa hasta La Creperie, un pequeño restaurant donde es obligatorio ir al menos una vez a ver la puesta de sol mientras se saborea alguna crêpe salada o dulce. Sobre esta calle se encuentran muchas de las mejores posadas y restaurantes.

Pero Praia no lo es todo, sus mágicos alrededores también encantan. Ferrugem, Praia do Luz o la de Ouvidor son una opción para visitar. Ouvidor es ahora la que más surfistas –y autos en la playa– congrega. Garopaba es el pueblo grande más cercano. Allí conviene ir por las tardes, después del día de playa o tal vez aprovechando un día nublado. La calle principal está plagada de negocios, entre los que se destaca la afamada marca Coral de bikinis. Una heladería donde uno entra como en un self service y elige un vaso o cono y pone todos los helados que quiera y luego se los pesan para saber cuánto se debe pagar.

Antes de llegar a Garopaba, sobre la mano izquierda hay un cartel que indica Cascada Encantada. Aunque no llegue hasta la cascada misma, el paisaje del camino hasta el estacionamiento donde arranca el sendero bien vale la pena el desvío. Es que en pocos minutos se tiene la sensación de estar en el corazón de Brasil, o al menos del preconcepto romántico: casitas de madera, cerros y vegetación ultra exuberante. Si camina hasta la cascada observe bien todas las plantas, son increíbles. Recomendación: llevar repelente, este lugar es el reino del mosquito.

La vuelta con Ruinas

Siempre es bueno retrasarla. El impacto con la realidad se hace más suave. En vez de encarar para el sur, nuestro Norte era la aduana en Sao Borja, previa visita a las Ruinas Jesuíticas Guaraníes. San Miguel forma parte –junto con cuatro argentinas y dos en Paraguay–, del Patrimonio de la Humanidad, así declarado por la UNESCO.

Con el GPS instruido para guiarnos a Sâo Joa partimos una mañana de domingo por la ruta 285. Dejamos la Mata (vegetación) Atlántica tupida, que se iba mezclando con araucarias y otras plantas a medida que la altitud iba aumentando, hasta que después de cruzar los “morros” la vegetación cambió radicalmente: no había más helechos ni palmeras. Se abría ante nosotros el Valle Europeo con un mundo de hortensias, araucarias y sembrados varios. Si no fuera por el rojo intenso de la tierra uno creería estar en Italia o en el sur de Francia. O tal vez en la quebrada zona agrícola de Balcarce, solo que la extensión de estas tierras es digna del Brasil: ¡a mais grande do mundo! Se ven kilómetros y kilómetros de soja, maíz, arroz… en fin, todos los cereales, todos.

Si bien es impecable, la ruta es muy montañosa, por lo cual hacer los 700 kilómetros hasta la zona de las Reducciones lleva dos días. San Miguel es la mejor conservada y tiene un museo de imaginería impactante. Por las noches hay un espectáculo de luz y sonido bastante emotivo. Vale la pena quedarse a dormir en el pueblito para verlo. Son varios los sitios arqueológicos para recorrer en esta tierra donde hay un culto por los gauchos y los curanderos.

Datos Útiles

Praia do Rosa: Morada dos Bougainvilles y su restaurant Sapore Di Pasta, uno de los mejores. www.pousadabougainville.com.br. Hospedaria das Brisas también tiene uno de los mejores restaurantes: Refúgio do Pescador, www.hospedariadasbrisas.com.br.
Regina Ghest House es un B&B muy bohemio, su restaurant Bistró es ideal para parejas: “superromántico”. www.reginagh.com.br.
Vida, Sol y Mar, un Ecoresort en el que también se pueden alquilar casas que incluyen servicio de mucama. www.vidasolemar.com.br.
Ruta de las Misiones: Hotel Plaza Sul, Carazinho, Río Grande do Sul. www.hotelplazasul.com.br. / Pousada das Missões, a 100 metros de la Ruinas de San Miguel. www.pousadatematica.com.br.

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