Los hombres del cristal

14 junio, 2016
Por • Agustina Seeber

A veces, es bueno tomarse un momento para preguntarse por las pequeñas cosas y descubrir que detrás de ellas hay una historia para contar. Así sucede con las copas que alzamos desinteresadamente entre brindis y brindis: cada una de ellas es producto de la paciencia de manos sabias y de un trabajo artístico como pocos.

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Bien lo saben quienes han oído hablar de “los hombres del cristal”. Ellos son los trabajadores —y artistas— de la cristalería San Carlos; ejemplo de la dedicación, generosos del conocimiento y maestros del fuego. Solo basta observar cómo manipulan el cristal a más de 1000 grados para caer bajo sus efectos hipnotizantes.

Aplican antiquísimas técnicas que se transmiten de generación en generación a través de la observación y de mucha práctica. Los fundadores de San Carlos las trajeron de Altare, Italia, a la provincia de Santa Fe, a principios de 1900; y hoy son reconocidos por haber perfeccionado el arte y por la calidad de sus productos.

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Cada pieza de cristal elaborada de forma artesanal es única, pues lleva impresa el sello personal de su maestro y el esfuerzo de un grupo de artesanos. El trabajo en equipo es fundamental y cada eslabón es igual de importante: desde los sopladores que moldean el cristal expulsando el aire a través de una caña, hasta los que trabajan los bordes. La falla de uno es la falla de todos, y la excelencia en cada paso es valorar el trabajo del anterior y del que sigue. Por eso, apreciar la dedicación de cada uno en el proceso es otro de los atractivos de pasar un día en la cristalería más famosa de Santa Fe, que habla de valores y tradiciones.

El trabajo hecho con intención y pasión se nota. Es cuestión de observar esa copa entre brindis y brindis, y tomarse un momento para sonreír por su historia.

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www.san-carlos.com.ar

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