Manantial del Silencio

7 octubre, 2019
Por Esteban Widnicky

Al pie del Cerro de los Siete Colores, Purmamarca, el pueblito más pintoresco de La Quebrada de Humahuaca vive en un idilio constante y se esfuerza por mantener a salvo los tesoros naturales concebidos a lo largo de su historia.

 

Panorámica ALTA

 

Procesiones, ritos y costumbres. Artesanos, rostros curtidos, colores y carnaval. Cerros imponentes, pueblos apacibles, cementerios ancestrales. Empanadas, locro, humitas y tamales. Queso de cabra y papín andino, carne de llama y de cordero. Quinoa. La Quebrada de Humahuaca raja la tierra y florecen pueblitos encantadores que al pie de los colores del cerro sobreviven al paso del tiempo.
Purmamarca vibra en su propio ritmo: apaciguada, expectante, sosegada. “El pueblo del León”, en quichua, está ubicado a 65 kilómetros de San Salvador de Jujuy. Con el Cerro de los Siete Colores de fondo, la vida en Purma gira en torno a la plaza 9 de Julio, donde todos los días llegan artesanos de distintos puntos de La Quebrada para mezclarse entre los turistas con sus telares, llamitas, coyitas, especias, trabajos en cuero e instrumentos musicales. Allí se erige imponente el algarrobo histórico: tiene más de 600 años y cuenta la leyenda que bajo su sombra descansaron las tropas del Ejército del Norte al mando de Manuel Belgrano.

 

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Alejarse del centro no es perderse, al contrario, es adentrase al mayor de los silencios y a un paisaje casi marciano: el Paseo de los Colorados, un circuito de montañas de tintes rojizos y geoformas, que se puede disfrutar en auto o a caballo, aunque la mejor forma sea caminando. No toma más de media hora y cada minuto vale la pena.

El mar blanco

A17 km se entra a la Cuesta de Lipán, una de las rutas más escénicas del país que llega hasta el Paso de Jama, la frontera con Chile. La cuesta sube por un camino de cornisa hasta los 4.170 metros de altura. La ruta es espectacular: curvas y contracurvas van cortando la montaña a medida que muestra las tonalidades de los diferentes estados geológicos. A 70 km de Purmamarca, todo se vuelve blanco: son las Salinas Grandes, un mar de sal de doce mil hectáreas a 3.450 metros de altura, recientemente nominadas en primer lugar entre las siete maravillas de Argentina. En este paraje fuera de tiempo y espacio, donde el sol quema de día y las noches se vuelven heladas, trabajan hombres y mujeres de rostros curtidos que habitan en las solitarias y aisladas poblaciones de los alrededores. De allí se extraen tres tipos de sales: sal de pileta, sal para uso industrial y panes de sal para la confección de artesanías que los pobladores venden al turismo.

 

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La obra maestra

La explosión de colores se multiplica en la Serranía de Hornocal, también conocido como el “Cerro de los 14 Colores”. Ocres, verdes, amarillos y blancos se alternan con el rojizo de la sedimentación de la roca, del viento y el paso del tiempo. Los movimientos allí son lentos, los músculos descansan y los sentidos toman la posta. Se escuchan aves, se observan animales. De fondo esta pintura surrealista, quizás relegada por su hermano menor, el gigante de Purmamarca.

 

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Enmarcado en un paisaje único, al pie del Cerro de los Siete Colores, El Manantial del Silencio justifica su nombre y deslumbra a cualquiera que pase por su puerta. Construido en el año 2000, el primer hotel de Purma combina el estilo colonial del pueblo con un servicio de hotel boutique personalizado. El arquitecto Mariano Sepúlveda respetó también la idiosincrasia de la zona con el uso de materiales autóctonos (paredes de adobe y cañas huecas en los techos). Tiene 18 habitaciones, todas con vista exterior, amplias y luminosas. Una suite con sala de estar, baño con hidromasajes y cama con baldaquines,  ubicada en la planta alta del edificio. Además, el Spa ofrece distintos tratamientos: sesiones de reiki, limpieza de cutis y masajes. En verano, la pileta y el solarium son ideales para disfrutar de las tardes de sol.

 

Spa
Su reconocido restaurante especializado en cocina andina está a cargo del chef Sergio Latorre, uno de los pioneros en incorporar productos de la región a la cocina de autor. En sus platos nunca faltan: papines y maíces andinos, carne de llama, trucha de las montañas de Yala, quinoa, amaranto, quesos de cabra, charqui y un sinfín de alimentos autóctonos. Entre los clásicos figuran, claro, el bife de llama con timbal de quinoa, las costillitas de cordero al horno de barro y, de postre, la crème brûlée de coca. La carta de vinos remite a Jujuy, Salta y algunos mendocinos.

 

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RN 52, Km 3,5. Purmamarca
www.hotelmanantialdelsilencio.com

7 frecuencias semanales entre Buenos Aires y Jujuy
www.flybondi.com

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