Mercado del mar

6 febrero, 2013

Por sus corredores pasan cientos de turistas por día, dispuestos a saborear los manjares marinos más exquisitos, sumergidos en el rumor de un mercado en plena actividad.

Por: Marina Gerosa.

Pescados, mariscos, frutas, quesos, yerbas y artesanías. Como el de cualquier otra ciudad el Mercado Central de Santiago de Chile lo tiene todo, a muy bajo precio. Pero a diferencia de otros este sitio pintoresco invita a pasear, mirar, comprar y también quedarse a almorzar ahí mismo un buen chupe de mariscos o lo que a uno se le ocurra -porque la oferta es variada- preparado en forma simple y deliciosa, con ingredientes recién extraídos de las aguas.

Ubicado frente a la estación de metro Cal y Canto (donde originalmente había un puente homónimo) a orillas del río Mapocho, cerca del centro geográfico de la ciudad, el edificio del Mercado Central existe desde el año 1869, cuando se proyectó para reemplazar lo que había sido la antigua Plaza de Abastos. Fue diseñado por Manuel Aldunate y construido por el arquitecto Fermín Vivaceta, con un estilo neoclásico marcado por una estructura de hierro fundido en Escocia. Su inauguración oficial se realizó en 1872 con la Exposición Nacional de Artes e Industrias organizada por el Intendente Benjamín Vicuña Mackenna, durante el gobierno del Presidente Federico Errázuriz. En 1884 fue ampliado y mejorado, en 1927 fue en parte demolido; en 1983 restaurado y un año después declarado Monumento Histórico Nacional por el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile. Desde entonces, mejor dicho, desde siempre, sigue siendo el lugar por excelencia donde comprar la mejor fruta y el pescado más fresco en Santiago.

Todos los mediodías (de lunes a domingo) el mercado se llena de visitantes y las mesas de sus locales gastronómicos se pueblan de voces en italiano, alemán, sueco, portugués y otras lenguas que se confunden entre la tonada autóctona de anfitriones y feriantes. El centro del recinto se transforma en una fiesta multicultural por donde desfilan bandejas chilenas cargadas de los mejores pescados y mariscos: locos, erizos, almejas, machas, picorocos, langosta, jaibas, centolla, congrio, ostras, salmón y lenguados, en preparaciones típicas de la zona costera del país. El pisco sour siempre presente y una despedida de mote con huesillos completan una experiencia que vale la pena vivir.

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