Mirada aguda

5 julio, 2013

Con foco en los detalles, Gustavo Reinoso apela a su memoria visual y emotiva para reflejar en sus cuadros paisajes que son fácilmente reconocibles.

Texto: Marysol Antón.
Fotos: BB Tesio.

El mate custodia el cuadro sobre el que Gustavo Reinoso está trabajando. A pocos centímetros, una nutrida caja de pasteles al óleo deja en claro que los colores son importantes para este artista que todavía disfruta “pintando como un niño, generando los trazos con la mano”. Autodidacta, su historia fue alimentada por anécdotas y personas que lo impulsaron a ir siempre por más.

A pocos días de haber inaugurado su última muestra i kNow You (ver recuadro), Reinoso no deja de planear. “Lo que viene es el viaje a Barcelona, Machu Picchu y Bolivia. Además, quiero seguir experimentando con materiales como el cartón, la brillantina y mixturas de materiales. Ir por texturas que son más de la infancia, transitar caminos más obvios y ver qué pasa en esa reinterpretación. Es para no aburrirme, soy inquieto en ese sentido”, asegura.

Parte de sus últimas obras se caracteriza por mostrar paisajes fácilmente reconocibles para el público, como el recordado Italpark, Caminito o el Empire State, en Nueva York. “Cuando viajo voy a los lugares, miro, tomo apuntes y tengo una buena memoria visual. También capto el olor, escucho los ruidos. Después desarmo todo y hago una composición nueva para que el observador pueda identificar el destino. Obvio que me tiento con íconos y trabajo a fondo el detalle, me gusta que el que mira encuentre cosas que pasan más por lo emotivo”, explica. Ya desde el humor, con unos trazos que él mismo define como más rústicos, hay personajes que retrató, como un tanguero o Spiderman.

Bagaje cultural

Gustavo trabaja en el estudio de arquitectura (su profesión) que comparte. Es el director de arte de la productora de contenidos infantiles (IAM Cartoon Projects) que fundó con sus socios Pablo Lewin y Pablo Feldman. Este trío creativo incursionó en la animación digital y creó Bondi Band, serie que se puede ver por Disney XD y por Telefé, y a la que ellos le desarrollaron todo el arte. En ese proceso, Lewin –hermano postizo de Reinoso– le insistió para que vuelva a pintar, pero no ya como hobby, por eso hoy la producción adquirió otro ritmo, una nueva etapa empezó.

Y si de etapas hablamos, es imposible pasar por alto la niñez de Gustavo, aquellos años en los que acompañaba durante las tardes a su padre en la fiambrería que tenía. “Mientras él laburaba yo dibujaba en los papeles que se usaban para envolver el jamón o el queso. Después los pegaba con chinches en los estantes (aún hoy muchas veces repito ese método de trabajo, para observarlos). Como ya me centraba en los detalles, los clientes entraban y comentaban, hasta que en un momento algunas señoras empezaron a comprarlos. Fue rarísimo, era por el valor de un alfajor, pero para mí era muchísimo”, recuerda. De ese origen surge la estética urbana, “lo más sincera y verdadera posible, que sea un arte popular, sin distinción de clase social, que todos lo disfruten. Muchas veces, es la mirada del barrio”, resume.

i kNow You

Así se llama la última muestra de Gustavo Reinoso, que puede verse en Million Bar (Paraná 1048). Allí se puede admirar su colección sobre Nueva York y, también, una edición limitada de porta iPads y porta iPhones, de Peter Kent, intervenidos por el artista.

www.gustavoreinoso.com

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