Momento de Balance

16 mayo, 2012

En ciertos niveles corporativos el hecho de que una mujer sea exitosa en su vida profesional y familiar sigue siendo una rareza: se supone que debería elegir una u otra cosa. En esta entrevista, la ejecutiva Alejandra Calatayud  explica que el equilibrio está al alcance de la mano. Solo que hay que proponérselo y organizar la infraestructura para lograrlo.

Alejandra Calatayud es una joven ingeniera mexicana que tras una experiencia internacional de más de dos décadas en desarrollo de software, consultoría, ventas, marketing y administración de empresas arribó hace poco más de un año a American Express para desempeñarse como Vicepresidente de Global Commercial Cards de México y Head Global Client Group Regional.

“Aprender, primero a sobrevivir, después a navegar en un ambiente profesional masculino sin ninguna imagen modelo, sin ninguna mujer a quien recurrir por consejos, sin ninguna guía literaria, ha sido un gran reto. Hacerlo mientras mantienes la salud y el amor de tu pareja y tus hijos es todavía más difícil”, advierte la ejecutiva desde la introducción de El balance perfecto, el libro editado por Urano en el que ella misma relata su experiencia en el desafío de equilibrar la vida personal y laboral. En su paso por Buenos Aires para encabezar una revisión de su negocio en nuestro país, Alejandra se hizo un alto para conversar con Contraseñas acerca de los retos de las mujeres en el siempre exigente mundo corporativo.

¿Cuándo fue que dijiste “tengo que escribir este libro”?
Después de haber vivido 18 años fuera de mi país la empresa para la que trabajaba, Microsoft, me regresó a México. A lo largo de ese tiempo yo había escalado varios niveles en mi vida profesional, así que para cuando volví traía bastante experiencia acumulada en el terreno corporativo. Fue entonces cuando la editorial me contactó para proponerme que escribiera el libro, porque si bien había varios relatos de mujeres exitosas, ninguno estaba contado desde la óptica de una mexicana. La idea fue transmitir la historia desde los valores latinoamericanos, partiendo de un contexto cultural con el que los lectores pudieran identificarse.

¿Cómo se consigue el balance perfecto?
Lo primero para lograr el balance es que realmente lo desees. Las mujeres somos muy propensas a ser víctimas, y demasiadas veces nos escudamos en que “la empresa no me apoya”, o “mi marido no quiere que trabaje”, o “mi familia me critica”. No sé exactamente cómo funcionará el tema en la Argentina, pero en muchas partes del mundo el lugar de la mujer está dado para la familia. Y a mi generación le tocó, en parte, abrir la puerta a otras posibilidades y sin que tuviéramos modelos que nos guiaran. Lo que propongo es que dejemos de ser víctimas, que podamos decir “yo quiero lograr esto” y articularlo como una prioridad, tomando el protagonismo de nuestra vida y sin echarle la culpa a tu trabajo, a tu marido o a cualquier otra circunstancia. Una vez convencida de eso, viene el reto de a de veras, porque ahí creas lo que yo llamo la “infraestructura de tu balance”.

¿Y de qué manera se crea esa infraestructura?
Se consigue teniendo en claro cuáles son las áreas de tu vida que quieres mantener cerca de ti. Para mí mi trabajo era muy importante, pero también quería estar cerca de mis hijos. Cuando entré a Microsoft la empresa estaba creciendo muy rápido, con lo cual yo estaba trabajando muchas horas. Con todo, decidí que todos los miércoles iba a tener en mi casa tardes de lectura en familia, así que cada semana salía los miércoles en punto a las 17 aunque lloviera, tronara o relampagueara. Y aquí hay que tener cuidado, porque en este punto es importante ser realista: tampoco puedes proponerte hacerlo todos los días, porque así jamás funcionaría. En el trabajo, yo le decía a mi gente: “si necesitan que me quede, no lo planeen para los miércoles”. Al principio les parecía raro, pero al final aprendieron que ese día yo me iba temprano. Cuando eres consistente con lo que prometes, no hay tanto problema. Las dificultades aparecen cuando te desdices: “bueno, este miércoles sí me quedo”. Y entonces todos dejan de respetarlo.

La organización parece ser fundamental.
Sí, yo soy muy organizada. Y aprendí que cada decisión tiene una consecuencia. A veces cuesta balancear las decisiones, pero sí puedes balancear las consecuencias. Por ejemplo: si un día tienes que quedarte trabajando hasta tarde, tal vez no sea lo mejor llevar a tus hijos a la oficina para que por lo menos compartan ese ratito contigo, porque entonces no harás bien ninguna de las dos cosas. Pero tal vez puedas irte más temprano al día siguiente para pasar la tarde con ellos. Parece difícil, pero una vez que te acostumbras sale solo.

¿La tecnología no te invade?
A mí no me cuesta trabajo soltar la Blackberry. Durante un tiempo trabajé sábados y domingos, me llevaba la computadora a casa y me justificaba diciendo: “¡es que tengo tanto trabajo!”. Y era verdad, porque escucha esto: el trabajo nunca se acaba. No importa cuánto hagas. Métetelo en la cabeza, porque nunca se va a terminar. Mientras más correo contestas los fines de semana, más respuestas tendrás y más trabajo te estarás generando para la primera hora del lunes. Un día me dije: “Hasta aquí. No voy a ver un solo correo en todo el fin de semana, a ver qué pasa”. ¿Y sabes qué pasó? Nada. Nadie me dijo una palabra acerca de trabajar el fin de semana. Todo lo que tenga que hacer, lo hago de lunes a viernes en mi horario de trabajo. Pero insisto: sí soy organizada y sí logro sacar mis pendientes.

¿Qué podemos aprender las mujeres de los hombres en materia de trabajo?
Yo aprendí a adaptarme a un mundo de energía masculina, y me resultó muy útil entender cómo ellos toman las decisiones. Algo que me sorprendió es ver como se ayudan y se cubren, mientras que las mujeres muchas veces nos metemos el pie. Tal vez tenga que ver con que para nosotras hay menos posiciones y por eso terminamos compitiendo por ellas, pero al mismo tiempo creo que llegaríamos más lejos si procuráramos trabajar en equipo. Por otro lado, contamos con herramientas que ellos no tienen tan desarrolladas, como la intuición. El problema es que en el mundo corporativo no puedes tomar decisiones en base a la intuición. Entonces, ¿cómo adaptarla a un terreno donde predomina la energía masculina? Mi respuesta es: utiliza tu herramienta, pero luego busca fundamentar todo con datos, y así lograrás convencerlos. Otra cosa que me ha funcionado muy bien es no desesperarme por obtener el crédito de los logros. En ese sentido aprendí que, mientras las cosas se hicieran como yo las había concebido, realmente no importaba si yo tenía o no el crédito. El desafío, más bien, pasa por saber a quién debo darle una idea para que pueda llevarse a cabo. En definitiva tú sabes que eso salió de ti, y el orgullo de que algo se haga es mucho más satisfactorio que te digan “qué buena idea”.

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