Naturales ¿moda o el futuro del vino?

31 octubre, 2018
Texto Pancho Barreiro

Más allá de los ya conocidos vinos orgánicos y biodinámicos, un nuevo-viejo estilo de elaboración pisa fuerte en el mundo vitivinícola. ¿De qué hablamos cuando hablamos de vinos naturales?

 

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Para muchos se trata de una moda; para otros, son los más auténticos. Lo cierto es que los vinos naturales empiezan a hacer ruido entre productores, bodegueros y bebedores curiosos.
Este movimiento nace en Francia en la década de los 90 junto con el crecimiento de los vinos ecológicos u orgánicos; pero, a diferencia de los bio, los vinos naturales no logran obtener un consenso regulatorio ni certificadoras. Sin embargo, en 2005, se crea en Francia la llamada Asociación de Vinos Naturales (AVN) y tres años más tarde la PVN (Asociación de Productores de Vinos Naturales) en España.

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En nuestro país, la primera asociación que busca nuclear a estos productores es SNOB (Sociedad Argentina de vinos Orgánicos, Naturales y Biodinámicos) creada a principio de año de la mano de Ernesto Catena, aunque no todas las bodegas que elaboran vinos naturales se sumaron –por ahora– a este primer avance  de agrupación.
Pero, ¿qué son realmente? “No hay una definición estándar de vinos naturales”, responde Juan Pelizzatti, presidente de Bodega Chakana, aunque intenta aclarar un poco más el panorama: “Se entiende por naturales a vinos producto de la agricultura ecológica con intervenciones mínimas en bodega; es decir, fermentados con levaduras indígenas, sin manipulaciones químicas ni tecnológicas, con un uso mínimo de sulfuroso y sin filtrar”.
Ernesto Catena, el “créateur de vins” (como le gusta definirse), se suma a la definición de Pelizzatti y agrega: “El vino bueno se hace de uvas buenas”. Ernesto lleva adelante la bodega experimental Stella Crinita, desde la cual no solo produce vinos naturales, sino que está construida con todos materiales reciclados.

IMG_5406 (1)“En la elaboración Natural –cuenta Catena– no vas a estar corrigiendo defectos de la uva con químicos, lo más importante es que la uva esté ‘pipí-cucú’ al llegar a la bodega. El vino natural refleja tanto los defectos como las virtudes de la vid”, sostiene y define: “Como una mujer sin maquillaje, digamos”.
Una de las críticas más fuertes que se le hace a los vinos naturales es sobre su potencial de guarda, debido a su bajo o nulo uso del llamado anhídrido sulfuroso (SO2), más conocido como “sulfitos”. Pelizzatti no esquiva la pregunta y responde:
“Yo creo que el vino natural impone otro criterio de degustación. Por definición, el vino natural debe aceptar la imperfección como parte del interés del producto”, dice y explica: “Un vino con bajo sulfuroso o sin sulfuroso agregado seguramente tendrá una evolución en botella mucho más evidente que un vino esterilizado. Pero esto no es necesariamente malo. ¡Muchas veces puede ser sorprendentemente bueno!”, remarca.

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Con respecto al añejamiento, Ernesto Catena explica que los vinos naturales son más sensibles a los cambios de temperatura, que al paso del tiempo. “Un buen vino natural conservado en una buena cava puede llegar a ser longevo. Al contrario, si guardás un vino natural en la cocina, al lado del horno, o cerca de una estufa, lo podés llegar a arruinar en una sola noche”, afirma y agrega: “A mí personalmente me gusta tomar los vinos frescos, dentro del año o dos de elaboración. Y me cuido siempre de no dejarlos cerca de una fuente de calor, o donde caigan rayos de sol directos”.
Todo parece que los vinos naturales se quieren sumar al porfolio de opciones a la hora de descorchar y no tienen ningún interés en dejar pasar esta oportunidad. Solo el tiempo podrá decir si se trata de una moda. Eso sí, lo que ya no se puede discutir es que la elaboración con conciencia está instalada entre productores y consumidores.

¡Salud!

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