Oda al café

7 marzo, 2013

Una celebración de los sabores que se revelan en cada taza.

Texto: Laura Piasek.
Fotos: BB Tesio y Archivo PRIME.

Desde los cafés de corte tradicional, hasta los llamados “especiales”, que se encuentran más cerca de los postres, todos ellos resultan una invitación para explorar a fondo el universo de los gustos y aromas. Y es que cuando de tomar una taza de esta bebida se trata, los sentidos se dan cita y la experiencia adquiere aires de ritual.

Originario de la provincia de Kaffa, Etiopía, y prohibido en diferentes épocas por su carácter estimulante, esta infusión terminó por expandirse en Europa, de la mano de los mercaderes venecianos, recién en el siglo XVII. Ya sea en estado puro, cortado con leche, licores y esencias, el café en todos sus formatos es el acompañante por excelencia de las sobremesas, que hoy goza de un reconocimiento sin precedentes por parte del mundo gourmet.

Al igual que como sucede con los vinos, las características del café están en íntima vinculación con la tierra en donde ha sido cultivado. El cafeto, la planta que le da origen, solo se desarrolla en las zonas cercanas a la línea del Ecuador, siendo Latinoamérica, África y Medio Oriente, y Asia junto con Pacífico las tres grandes áreas en las que se divide la producción internacional, y las que definen también las notas aromáticas que lo acompañan: florales, cítricas y especiadas son algunas de las que podrán ser degustadas por los paladares más refinados.

En cuanto a las variedades de la planta, la Arábica y la Robusta son sus dos grandes especies. Mientras que la primera se extrae de zonas de altura, y da lugar a un café fino, aromático, y de mayor calidad, la segunda posee más cafeína y requiere menos tiempo de maduración, pero al mismo tiempo es más amarga, y considerablemente menos intensa.

Será de la mano de los baristas, y mediante el arte del blending, que los distintos gustos adquirirán nuevos y más sofisticados alcances. Con características de aroma, acidez, y cuerpo diversas, los cafés se fusionan, logrando expandir aún más los horizontes degustativos de esta bebida.

Así, desde que la planta se recoleta, hasta que se empaca, hay un largo proceso de elaboración que resultará determinante a la hora de apreciar los resultados finales. Una vez que el café llega a la mesa, listo para servirse, solo resta entregarse a una experiencia de disfrute, que con algo de información, puede potenciarse todavía más.

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