Pasión, desafío y entusiasmo

16 mayo, 2012

La suma de estas tres actitudes pareciera ser la clave del éxito del empresario Julio Viola, uruguayo de nacimiento y patagónico por opción, Presidente y fundador de Bodega Del Fin del Mundo, de la Patagonia Argentina. Almorzamos con él en el recién inaugurado Experiencia del Fin del Mundo, otro éxito de la joven y pujante bodega que acaba de renovar fuerzas junto a la familia Eurnekian, nuevos socios por partes iguales. durante la entrevista, se Confesó encantado con su agitado ritmo de vida; brindamos con un magnífico Pinot Noir FIN 2007 de la bodega y salió volando con su mujer en larga gira de negocios, alrededor del globo.

El vino es una pasión familiar que nos une”, define Julio Viola en algún momento del almuerzo, entre el paté y el postre, y algunas copas de Merlot y Pinot Noir cosecha 2007 de la línea FIN, un reciente mediodía en Experiencia Del Fin del Mundo (ver recuadro), el nuevo espacio de la exitosa bodega que imaginó y fundó hace poco más de diez años, la misma que hoy preside y comparte en partes iguales con una rama de la familia Eurnekian. Y vaya si tiene razón: en la mesa más próxima, su hija Ana Viola -Directora de Del Fin del Mundo- atiende a la prensa especializada; mientras que en otra cercana su yerno Pedro Soraire -también Director de la bodega- parece cerrar un trato durante un cordial almuerzo de negocios.

Ana es médica; y Pedro, su marido, Licenciado en Economía. Pero ambos -y cada uno de ellos- ponen el mismo entusiasmo que les llevó la carrera de sus profesiones en un sueño compartido con toda la familia.

¿Trabajando en familia se consigue un equilibrio personal, profesional y privado?
Lo único que sé es que mi mujer siempre me acompañó; y estoy fascinado de trabajar con mi hija, de que mi yerno sea mi mejor amigo, mi nuera la abogada de la empresa y que mi hijo haya sido el que abrió todos los mercados del exterior”, se ufana satisfecho el motor espiritual del proyecto vitivinícola patagónico y neuquino, que -con apenas una década de vida- se consolidó como la gran revelación de la industria local.
Hasta a mi nieto de tres años, aspirante a astronauta, le digo: ¡astronauta y bodeguero!”.

No hay pasión sin entusiasmo, ni apuesta sin desafío. Julio Viola lo sabe muy bien. Con estos sentimientos y actitudes vivió desde su juventud este uruguayo nacido en el seno de una familia de origen italiano, inmigrantes que anclaron en al sur americano para desembocar a ambos lados del Río de La Plata.

¿Cómo es un día en la vida de Julio Viola?
Mi vida es 99 por ciento la bodega: le dedico todo el tiempo que estoy despierto, salvo el que tengo que dormir”, describe sincero, sin ansiedades: con la lúcida calma de quien hace lo que más desea y agrada. Envidiable. Difícil encaminar al entrevistado hacia la filosofía que define la sección de este reportaje, para arrojar luz sobre lo que llamamos Work Life Balance, el equilibrio entre vida profesional y privada: aquello que todo líder de una empresa de envergadura se supone busca resolver, o ya lo tiene adquirido. Para Julio Viola la vida personal, el trabajo, la familia y el descanso se funden armoniosamente en el presente cotidiano de la bodega Del Fin del Mundo. Y el resultado está a la vista: le genera una adrenalina tan positiva como contagiosa.

Abogado, buscavidas, emprendedor, empresario, desarrollista inmobiliario, bodeguero, Julio Viola no paró un momento: en 1974 se trasladó de Uruguay a la Patagonia. Un momento difícil en toda la región. La Universidad donde estudiaba abogacía cerró. Se empezó a ganar la vida desde los veinte años.
Hice de todo: vendí autos y productos importados; a la vez me ofrecieron un trabajo en el cual la familia Gasparri formaba parte de la sociedad (Nota del autor: Roberto Gasparri fue el mentor del Proyecto Chañar I y II, que inspiró a Viola a gestar y promover un gran condominio frutícola-enológico)”.
En los ‘80 aposté al dólar y perdí. Económicamente golpeado, volví a empezar. Me dediqué a generar desarrollos urbanos con todos los servicios para barrios residenciales, hasta que todo el mundo se empezó a dedicar a lo mismo. Pasé entonces al fraccionamiento rural. Fraccionar tierras, todos lo hacen, pero en los 90 me acoplé al cambio cultural que buscaba la incorporación de nuevas tecnologías. Y tras un joint venture con una empresa israelí de riego presurizado creamos una red de 500 kilómetros que abastece más de tres mil hectáreas, donde el chacarero puede conectarse y tomar agua con la presión y caudal necesario para regar su chacra por goteo”.

¿Qué exige la vida de los negocios?
Hay que tener voluntad de trabajo, inteligencia y suerte: estar en el lugar justo en el momento correcto. Esta el la visión abstracta. Como ejemplo figurativo comento -por ejemplo- que cuando compramos un campo de tres millones de dólares, significa que apuesto a una línea nueva de crédito, vendiendo mi casa y todos los pequeños terrenos particulares, para abocarme a lo que de verdad es una quimera: construir un canal de 20 kilómetros en mitad del desierto para generar un oasis en un plazo demasiado exigente”.

¿Quién se anima a semejante apuesta?
El empresario, de quien tanto se habla mal y a quien tanto se castiga. El empresario es una raza. Un tipo que arriesga todo una y otra vez, para volver a ganar. Actúa con la modalidad del jugador. Recuperás tu casa y la volvés a jugar por un proyecto más grande. Pero no es un problema de ambición económica. Sino de pasión, desafío y entusiasmo. El día que se esa llama se apague, la noche que dejás de soñar y creer, significa que no es más tu momento”.

Con la nueva sociedad en la bodega, ahora que la familia Viola y la familia Eurnekian comparten 50 y 50  de las responsabilidades, ¿estás la mitad más tranquilo?
En realidad estoy el doble más entusiasmado, y mi compromiso se duplica. Por un lado estás tranquilo, y por otro no tanto: ya que asumís compromisos con tu socio y con vos mismo. La empresa creció mucho en muy poco tiempo. Para cubrir 5 mil empleados se necesitan 3 millones de pesos mensuales. Esto ya no se arregla con una cuenta personal. A esta velocidad es imposible para cualquier empresa joven tener los resguardos económicos necesarios. La responsabilidades aumentan, mucha gente depende de uno. Si tu conclusión es que tenés que achicarte para n tener estos problemas, estás perdido. Es más fácil asociarse que volver apostar la casa, aunque la volvería a apostar igual”.

¿Cómo es tu presente?
Tengo casa. Hasta la próxima inversión.

¿Desafíos?
Siempre hay un desafío: yo quiero ser el mejor bodeguero. Nacimos hace diez años en una zona donde no existió jamás bodega alguna. Actualmente elaboramos 10 millones de litros anuales. Representamos el 50% de todos los vinos de la Patagonia. En pocos años jugamos y competimos en las grandes ligas, con las enormes bodegas exitosas y centenarias. Tenemos más de 150 medallas de prestigiosos concursos de vino de nivel internacional. Importamos a más de 25 destinos de todo el mundo. Tenemos proyectos de elaboración en en Italia, Armenia y Estados Unidos. Así y todo, hoy, nuestro leit motiv es que Bodega del Fin del Mundo siga creciendo. Ese es mi mayor equilibrio.

 

NUEVO ESPACIO

Experiencia Del Fin del Mundo

MUNDANO Y REGIONAL

Experiencia Del Fin del Mundo se consolidó -la semana siguiente de su apertura- como el lugar del momento. Más que de Palermo, de toda la ciudad. Un espacio muy bien resuelto: atractivo, amplio y luminoso, gracias a una arquitectura moderna y despojada de ornamentos. Luce a la vez mundano y regional, revestido con lajas de piedra extraída de una cantera neuquina. El lugar atrae a todo aquél que pase -a pie o en automóvil- por el frente del local con el mágico y enorme poder de convocatoria que tiene el vino. Allí se suceden sin pausa desayunos de negocios, almuerzos cotidianos, aperitivos gourmet o cenas íntimas.

 

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