Patagonia profunda

5 octubre, 2016
Texto_Marysol Antón

El fotógrafo Eliseo Miciu presenta un nuevo libro: Tierra del viento. En sus páginas se pueden conocer los factores que hacen del Sur una región tan bella y, a la vez, hostil.

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La cámara es una extensión de su ser. La lente agudiza su mirada y el obturador le permite, en menos de un segundo, inmortalizar esas imágenes perfectas, que permanecerán a lo largo del tiempo casi como figuras sagradas. Así es el trabajo de Eliseo Miciu, un fotógrafo que ahondó en la geografía y tradiciones de la Argentina y ahora va por más: presentará su nuevo libro Tierra del viento, que, claro está, es un reflejo de nuestro Sur.
En la Patagonia sobran atractivos, desde el mundialmente famoso glaciar Perito Moreno o el Fitz Roy, hasta lagos escondidos a los que solo se llega mediante jornadas de trekking. Pero Miciu se planteó ir más allá de los íconos, poder explorar regiones que permanecen vírgenes, que solo fueron talladas por la fuerza y vitalidad de los vientos sureños. También retrató al caballo más antiguo de América del Sur, los productores de lana y parte de la actividad económica de la región.

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ANACLETO. Estancia El Chacay, Santa Cruz

“Mi intención es llegar a exponer el alma de esta tierra llamada Patagonia. Marcada por el viento como ninguna otra en el mundo, es uno de los territorios más hostiles para el desarrollo humano. Trato de comprender ese enigmático lazo que atrapa”, asegura Miciu, quien se define como un habitante patagónico desde hace 24 años.

Condiciones adversas

Parte del libro se centra en la enorme meseta que ocupa el centro y sur de esta comarca. Allí se produce un centro de baja presión que atrae a los fríos polares que aguardan en el Pacífico con altas presiones. Esto produce que se vuelquen fuertes y gélidos vientos desde el Oeste hacia el Este, y no se detienen desde la primavera hasta principios del otoño. “Este fenómeno hostiliza cualquier actividad o trabajo que se quiera practicar al aire libre. A pesar de sensaciones térmicas bajo cero y vientos de más de 60km/h permanentes, en los campos no se detiene la labor diaria. Los gauchos, con sus ponchos, recorren la tierra, juntan el ganado ovino y realizan los grandes arreos con distancias de escala mayor. Creí que estas tareas se merecen un capítulo”, sostiene Miciu.

  • FUGA. Camusu Aike, Santa Cruz
  • TIERRA DEL VIENTO. Puerto Natales, Chile
  • COPIOSO. Estancia Morro Chico, Santa Cruz

En estas condiciones, una de las tareas que captó la mirada de Miciu son los arreos, sobre todo, los que se hacen en la época de la esquila. Para esta actividad se utilizan perros amaestrados, que son los guías de los rebaños y no dejan que ningún animal se salga del camino. Una labor titánica y sacrificada.
El libro también cuenta con toda una serie sobre caballos, sobre todo, los Ariscos. “Se dice que a mediados del siglo XVI Don Pedro de Mendoza desembarcó 72 caballos, que luego de una desventura fueron abandonados. Unos 50 años más tarde se vieron caballos en el Estrecho de Magallanes. Así, en más de 450 años, este animal evolucionó adaptándose a estas inhóspitas y crudas tierras. Más tarde, con una genética totalmente adaptada y sangre nueva española, se forma el caballo Criollo. Hoy, en muchas mesetas del interior de Santa Cruz y Chubut, todavía se encuentran manadas de caballos salvajes, alejados de toda población. Es un caballo chico y peludo, para protegerse del clima”, describe el fotógrafo.
Con vientos de más de 80 km/h, Miciu logró captar la impronta natural de estas tierras, donde lo inhóspito las vuelve increíblemente bellas.

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