Peregrinaje taiwanés

5 julio, 2013

La peregrinación de la diosa Matzu de los mares recorre 330 kilómetros en ocho días por el Norte de Taiwán, con un millón de personas avanzando entre fuegos artificiales, acrobacias y las coloridas carrozas de un sagrado “carnaval” oriental.

Por: Julián Varsavsky.

Un trueno de tambores en la noche anuncia la salida de la diosa Matzu del templo Jenn Lann, en andas de la multitud. Una banda de 25 trompetas produce una melodía entre litúrgica y marcial, mientras el palanquín avanza bamboleándose entre el enjambre de gente. Las calles de alrededor se convirtieron en peatonales y el espacio de la calle es estrecho. La fiesta me explota en los oídos y en los pies con metrallas de fuegos artificiales rastreros. La masa en procesión me sobrepasa y me impide enfocar, así que trepo a una carroza con estatuas de dragones para observar en perspectiva la verdadera dimensión del peregrinaje: atrás, decenas de camiones decorados con su comparsa uniformada viborean entre las calles.

Unas cuadras más adelante, se crea un espontáneo circo chino donde se practican acrobacias y kung fu, y se combate con lanzas y espadas mientras una veintena de jóvenes aparece a toda velocidad portando palos que elevan un dragón de 25 metros de largo. El dragón me rodea girando en círculos, mientras suenan estridentes cornetines, vibrantes de gong y choques de platillos.

El surrealismo de la escena me obnubila con el voluptuoso caos de las fiestas callejeras. La peregrinación de Matzu en Taiwán es exactamente eso: la quinta esencia de lo popular-milenario, la fiesta china por excelencia.

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