Saludable y misterioso

27 julio, 2012

Hay controversia respecto del origen de la cepa Syrah, aunque sí se sabe que contiene uno de los niveles más altos de resveratrol, la sustancia que posee efectos antioxidantes y anticancerígenos. Tres Syrah argentinos obtuvieron medallas en el último certamen mundial de la especialidad.

Por Martín Burbridge

En el reinado casi absoluto del Malbec que se ha venido dando en la Argentina de la última década, la variedad Syrah logró preservar su espacio dentro de las preferencias de los bebedores de vinos nacionales. Afincada principalmente en la región de Cuyo y varietal emblema de la provincia de San Juan, la uva Syrah puede exhibir con orgullo ser una de las más saludables entre las que se utilizan para elaborar vino. Y también de las más misteriosas, con una historia por lo menos controvertida, puesto que no hay coincidencia respecto de dónde proviene.
Hay quienes creen que su origen se encuentra en la ciudad persa de Shiraz (hoy localizada en el sur de Irán), desde donde los fenicios la habrían transportado hasta la antigua Galia romana, hoy Francia, en el siglo VI antes de Cristo o, más cercano a nuestros días, los cruzados en el siglo XI.
En Francia, en la región sudoriental del río Ródano (donde se elaboran los célebres vinos Côtes du Rhône) fue donde la variedad Syrah tuvo su mayor desarrollo, a tal punto que otros investigadores consideran que en realidad su origen es 100% francés y no proveniente del Medio Oriente (también se cree que pudo haber nacido en Siria). Para apoyar su tesis, se basan en estudios de ADN realizados en 1998 que demuestran que no existen rastros de la uva Syrah en aquellas latitudes.
Sin embargo, al igual que con la uva Malbec, esta variedad fue poco tenida en cuenta por los viticultores durante décadas, debido a su bajo rendimiento y a su debilidad ante ciertas enfermedades. Pero fue gracias al escocés James Busby, conocido como el “padre de la vitivinicultura australiana”, que la Syrah tuvo su revancha y logró alcanzar su actual apogeo.
Busby llegó a Francia en 1831 para buscar cepas de vid que sirvieran para impulsar la producción de vinos en Australia. Una de las variedades escogidas fue la Syrah, que finalmente se convirtió en la cepa emblema del vino australiano, bajo la denominación Shiraz. Gracias a este varietal, Australia logró poner sus tintos de moda en los años ‘80 en EEUU, el mercado de consumidores más grande del mundo.

La más saludable
Juega a favor de la variedad Syrah el poseer uno de los niveles más altos de resveratrol entre las uvas empleadas para elaborar vino. Esta sustancia se hizo famosa recientemente gracias a los estudios científicos que se han ido publicando sobre los beneficios de tomar vino de manera regular en cantidades moderadas. El resveratrol posee efectos antioxidantes y anticancerígenos, así como sirve para combatir la obesidad y prevenir enfermedades cardíacas.
Estos altos niveles de resveratrol se deben a las condiciones ideales en las que se cultiva la uva Syrah. Se trata de una variedad que requiere de mucho sol y de temperaturas altas para alcanzar su máxima expresión, de ahí que se haya desarrollado tan bien en un país como Australia o en nuestra provincia de San Juan.
Estas características climáticas brindan vinos tintos con mucho color, muy aromáticos, complejos, con buen tenor de alcohol, muy finos, estructurados y al mismo tiempo con una acidez adecuada. En presencia de suelos favorables, estos vinos son aptos para su guarda, mientras que en otras regiones se obtienen tintos frutados y fáciles de beber, de ahí su éxito como varietales.
A la vista, los vinos Syrah tienen tonalidades rojas violáceas oscuras e intensas. Sus aromas recuerdan al cuero, violetas y frutos rojos como cassis, grosella y mora. Si se trata de vinos de guarda, también desarrollan aromas a aceituna negra, trufa, clavo de olor, coco y ligeros toques ahumados. En boca, el Syrah se presenta untuoso y vigoroso, con un buen nivel de taninos. Los sabores que predominan son a frutos rojos como mora, grosella, cassis, mermelada de ciruelas y especias.
Son vinos ideales para acompañar carnes asadas o a la cacerola como chivito, cerdo, conejo, comidas condimentadas, pastas con salsas rojas, fiambres y quesos de cabra.

 

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