Símbolo austríaco

3 julio, 2012

Al cumplirse 150 años del nacimiento de Gustav Klimt, la obra de este excepcional artista gana protagonismo en los museos del mundo. Con foco en Viena, las distintas muestras exponen los diferentes aspectos de su vida y producción.

Por Marysol Antón

El mundo celebra el 150 aniversario del nacimiento de Gustav Klimt, uno de los mayores exponentes del arte austríaco, quien llegó al mundo en Viena en 1862. Su arte se caracteriza por apelar con gran entusiasmo a elementos decorativos en los fondos, dejando que la vista se centre en retratos detallados cuando se aprecia la obra.

Ferviente buscador de la vanguardia, su trayectoria muestra parte de sus momentos íntimos, aunque la mayor parte de ellos permanecen aún en el misterio. También, cada uno de sus trazos tiene una carga erótica que puede apreciarse en cuadros como El Beso (1908), uno de los más famosos y anhelados por los coleccionistas.

Precisamente esa pieza puede verse en la ciudad natal de Klimt, en el Palacio Belvedere, uno de los museos más importantes de esa metrópoli y que más ha difundido la producción artística de este genio de la pintura. Para festejar el nacimiento de este profeta austríaco, la institución ha anunciado la incorporación de dos nuevas obras a su patrimonio. Se trata de El girasol (1907) y La Familia (1909-1910), que pertenecían al coleccionista de arte vienés Peter Parzer. Así la colección de Klimt del museo totaliza 24 obras. “Es el regalo de cumpleaños más maravilloso para nosotros y para los amantes del arte de todo el mundo”, sostuvo Agnes Husslein-Arco, director del museo.

También en Viena, el museo Albertina ha expuesto una selección de bocetos mínimos y otros de gran tamaño que muestran la atmósfera que este artista supo crear a través de los trazos. En ellos se ven a mujeres en posturas que la burguesía del momento reprochaba a viva voz y los censuró. Por su parte, el Leopold Museum presentó la exposición Klimt personal, con un foco especial, pues se aboca a exhibir la vida íntima de este creativo, tanto en el plano familiar (hijos incluidos) como social, con sus amigos. Allí se pueden leer cartas y postales que Klimt le escribió a la diseñadora de moda Emilie Flöge, quien fuera su amante.

Pasión mundial
La obra de Klimt ha dado la vuelta al mundo, y por eso las exposiciones en su honor no se restringen solo a Viena. Nueva York, una de las ciudades más cosmopolitas, también le ha dado lugar a la obra de este prolífico pintor. Hasta el 27 de agosto, en la Neue Gallery, es posible ver cuadros, dibujos, fotos y bocetos del artista.

Este museo, especializado en arte alemán y austríaco, ha bautizado la exposición como Gustav Klimt:  150th Anniversary Celebration. Entre los cuadros que allí se pueden ver figuran: Rostro pálido (1903), El sombrero con pluma negra (1910) y La bailarina (1916-1918). Además, la exposición posee un interesante número de fotos en las que se lo puede ver junto a Flöge.

Quizá, el punto álgido en materia pictórica de esta propuesta sean los dibujos de un claro tinte sensual y que las clases altas vienesas rechazaban asegurando que eran pornográficos. Este hecho no es menor, pues impactó tanto en la vida de Klimt que lo llevó a decidir no volver a hacer obras públicas y desde ese entonces se concentró en retratos, sobre todo femeninos.

Por supuesto, como en todo museo estadounidense, los recuerdos tienen un lugar preponderante. Por eso los visitantes que vayan a la cafetería podrán disfrutar de la torta Klimttorte, realizada con chocolate y avellanas.

Los comentarios estan cerrados.