Stonehenge, legado del origen del tiempo

4 octubre, 2013

Los restos de un anillo de piedras coronado por dinteles se imponen orgullosos de un pasado remoto. Cautivantes y enigmáticos, yacen eternos en la verde campiña inglesa.

Por: Marcelo Galeazzi.

El monumento aún hoy envuelve más misterios que certezas. No existen registros escritos de la época, ya que la escritura todavía no había llegado a Gran Bretaña, ni tampoco la rueda. Entonces, ¿quiénes, cómo y por qué construyeron Stonehenge?

Tanta incertidumbre dio lugar a las más variadas explicaciones. Por ejemplo, en la Edad Media se creía que gigantes habían trasladado las piedras de África a Irlanda, y luego, la magia de Merlín las había llevado a Inglaterra. También, la autoría se les atribuyó a los fenicios, a los romanos y a los sacerdotes druidas.

Hoy se sabe con certeza que fue construido por el hombre prehistórico alrededor del 3000 AC, aunque sus motivos enfrentan a los arqueólogos. Pudo haber sido un calendario, un observatorio astronómico que predecía eclipses, o un templo para venerar al sol. Sin embargo, en la actualidad gana peso la teoría de que Stonehenge era originalmente parte de un cementerio, y por ende, un lugar sagrado para honrar a los ancestros. Las celebraciones habrían reunido hasta 4.000 personas en los solsticios de verano e invierno, cuando el eje del círculo pétreo se alinea con la salida y la puesta del sol.

Las piedras mayores son de arenisca y fueron transportadas a pulmón desde las colinas de Marlborough, a 30 km de distancia. Las más grandes miden 7,5 metros de alto y pesan casi 50 toneladas. Las “piedras azules”, dispuestas en el centro de círculo, provienen de Gales, a 400 km. Muchos arqueólogos les adjudican poderes sanadores y constituirían la razón de ser del monumento. Fueron trasladadas por mar y tierra, aunque algunos científicos afirman que habrían sido acercadas a la zona por efecto de las glaciaciones.

Pero para entender el monumento megalítico hay que mirar también en los alrededores. A 3 km. de distancia se descubrió Woodhenge, la réplica de Stonehenge pero en madera. Ambos, conectados por un gran camino y por el Río Avon, habrían sido recorridos en procesión para venerar a vivos y muertos.

Inesperadamente el turista avista los bloques de piedra desde la ruta. Los proyectos para desviar las dos rutas que enmarcan el predio y para la mejora del centro de exhibición han quedado postergados. No es posible tocar las piedras ni caminar entre ellas, solo admirarlas desde un cerco perimetral con una guía de audio. La cuerda se levanta en los cambios de estación, en los festejos paganos o neodruidas, donde miles de personas celebran entre las rocas esperando el amanecer o el ocaso.

Aunque en Stonehenge cada nuevo hallazgo parece abrir un interrogante, la idea de contemplar la misma obra que admiraba un hombre hace 5.000 años es movilizante. Tal vez, por estos motivos sea el más famoso monumento prehistórico de Gran Bretaña y una de las maravillas del mundo antiguo.

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