Tannat, un tinto con personalidad

27 noviembre, 2013

La cepa francesa, insignia de las bodegas uruguayas, se prueba en el terruño argentino: el varietal encontró su lugar en los Valles Calchaquíes y en Cuyo. Viaje al mundo de esta cepa de color potente, aromas intensos y características entre el Malbec  el Cabernet.

Texto: Daniela Rossi.
Fotos: Gentileza Bodegas Norton y El Esteco. BB Tesio.

Un rojo intenso, una sensación astringente en boca, y aromas a frutos rojos, pimientos, chocolate y café. El Tannat, una cepa tinta algo desconocida por el paladar argentino, encuentra en nuestra tierra el hogar ideal para crecer, madurar y alcanzar la redondez que lo transforme en un vino placentero de tomar. Esta uva tuvo su origen en el Sudoeste de Francia, pero no se terminó de afincar y una epidemia mermó su producción. El Tannat cruzó el Atlántico con las olas migratorias y llegó a Uruguay hacia 1870: con los años, el país oriental la convirtió en su cepa insignia, con características locales e identidad propia. A Estados Unidos llegó también a fines del siglo XIX y se instaló en California, pero su producción a mayor escala empezó recién hacia 1990.
En Argentina la uva también encontró un terroir amable para desarrollarse, aunque en un comienzo quedó relegada por las otras cepas que crecían con fuerza. Los Valles Calchaquíes, Cuyo, Neuquén y Mendoza son los puntos clave del mapa del Tannat en el país, en el que aún son pocas las bodegas que lo producen como varietal, pero con apuestas interesantes para que se popularice.

“Desde sus comienzos fue tomado como vino de corte: era tan duro, tan potente y tánico, que se usaba para darle firmeza a otros vinos que salían con menos color, boca, fuerza”, explica Alejandro Pepa, enólogo de El Esteco. Cafayate, Salta, es uno de los puntos altos de producción de Tannat en Argentina: ubicada a más de 1.800 metros sobre el nivel del mar, con noches frías y días templados y con mucha luz, se convierte en un sitio cómodo para que el Tannat alcance su esplendor. Eso fue lo que sorprendió al equipo de la bodega cuando probaron la cosecha 2011 de un viñedo antiguo, de 1930, y decidieron lanzar una serie limitada de alta gama, que antes habían sacado con Malbec y Cabernet: “Ese vino nos emocionó”, cuenta, quien comenzó a trabajar el Tannat de forma varietal hace quince años.

“Las características del suelo hacen al Tannat tucumano con buenos taninos, dulces, especiados, con notas de pimientos rojos y pimentón más dulce. Tiene mucha concentración de color, con violáceos vivaces, de los que manchan la copa”, cuenta Dolores Lávaque, la responsable de diseñar el plan estratégico de Vinos del Tucumán. Esa provincia recibió hace unos meses a los mejores enólogos del país, quienes después de las catas concluyeron que el Tannat se destacaba como “promesa para Tucumán, por la calidad que se produce y la capacidad de lograr una buena diferenciación, tanto para varietales como para cortes”.

“En Mendoza el Tannat tenía un espacio preponderante en la viña que se llamaba ‘la francesa’, junto al Cabernet, el Malbec actual, el tempranillo. Hubo un vino ícono, un Tannat de 1944, con el que he visto a gente llorar al probarlo”, recuerda Jorge Riccitelli, enólogo de Bodega Norton. La diferencia entre la producción en esa provincia y la del Norte reside en el aroma: la altura logra exacerbar ese aspecto del Tannat, mientras que el color y el cuerpo son similares, según Riccitelli, quien agrega: “Es un vino que tiene su dulzura, mucha presencia, pero que no te mata en boca”.

Más allá de los tintos clásicos, el Malbec y el Cabernet, el Tannat –una cepa apta para la guarda– aparece como una opción para quien quiere degustar sabores nuevos, potentes y con gran color y aroma. El cordero, las carnes rojas de caza y las vacunas, los quesos azules o picantes, platos especiados o salsas fuertes son las compañías perfectas para este tinto local con personalidad.

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