Tentación para exigentes

4 octubre, 2013

Nuestro paladar está acostumbrado a saborear una gran variedad de tipos de chocolates. En su mesa de trabajo, los maestros chocolateros logran un exotismo innovador, transformador para el sabor y para la vista.

Texto: Daniela Rossi.

Amargo, con leche, suave, frutal, con frutos secos, mousses y cremas. La variedad de chocolates que el paladar está acostumbrado a saborear es inmensa. Las formas de innovar sobre el cacao, ese producto que nació en América y encontró a sus maestros chocolateros en Europa, son infinitas. Hoy el chocolate se puede asociar a una experiencia sensorial completa: hay tiendas que proponen productos que, además de ricos, atraen por su materia prima seleccionada, su diseño, su elaboración artesanal, sus recetas originales y un envoltorio delicado. En Buenos Aires, la propuesta es amplia y deliciosa. “Quiero que en cada chocolate haya magia, mística, generar algo especial en quien lo compra”, cuenta Claudio Bar, dueño de El Viejo Oso y tercera generación de chocolateros. Las trufas son la especialidad de la casa, con recetas de origen alemán: al morderlas, el sabor envolvente sorprende.

Dadi y Federica crearon Vasalissa Chocolatier sobre la base del legado familiar, que unió generaciones a partir de la pasión por el chocolate. A partir de allí, los detalles de cada una de sus figuras de cacao buscan la perfección, como la prolijidad de sus cinco locales. “Buscamos que tanto desde el sabor, la calidad y las materias primas como desde la historia, se logre un producto único, un concepto especial”, explica Juan Ignacio Cuevas, gerente general de la chocolatería.

Los bombones de Kakawa fusionan dos pasiones: la de Julieta Pascale por los chocolates y la de su mamá por las Bellas Artes. En cada pieza, de chocolate belga, sin crema, manteca ni conservantes, se pueden ver dibujos pintados con pigmentos comestibles. Las esferas caladas de chocolate son uno de los clásicos de la tienda, que se especializa en regalos corporativos personalizados. Así como cada bombón tiene un esfuerzo y un trabajo especial, las cajas y papeles que los presentan sirven como vestimenta perfecta.

Con la propuesta de volver a las fuentes del trabajo del cacao, Compañía de Chocolates combina cacaos de Ecuador, África, Venezuela y Brasil con sabores exóticos: la tableta de lima y cereales, la de chiles, la de almendras ahumadas y sal marina son algunas de las opciones para quienes se atreven a innovar. “Elaboramos chocolate desde granos selectos de cacao y buscamos siempre mantener viva la historia del producto, con la más alta calidad”, cuenta Daniel Uria, dueño de Compañía de Chocolates. “Pretendemos que al chocolate lo acompañe algo diferente para favorecerlo”, explica.

Una caja de chocolates puede convertirse, además de en una tentación, en un original regalo. El exotismo que logran los chocolateros en su mesa de trabajo se convierte en una atracción para el sabor y para la vista.

Los comentarios estan cerrados.