Un brindis más saludable

21 noviembre, 2012

Fruto de viñas tratadas mediante criterios agroecológicos, que cuidan la salud de la tierra y de los consumidores, los vinos orgánicos facilitan una expresión más clara del terruño del cual surgen.

 Por: Mariano Wolfson.

Aunque aún se trata de un fenómeno incipiente, la toma de conciencia sobre la necesidad de cuidar a nuestra Madre Tierra y la salud de las personas comenzó a propiciar un incremento del interés por los vinos orgánicos. De allí que en nuestro país se observen algunas experiencias sostenidas de producción, tanto entre pequeños emprendimientos y bodegas “boutique”, como en una que otra bodega  grande.

Los vinos orgánicos se distinguen de los convencionales, por un lado, por el trato que se le da a la viña y a la tierra, sin uso de pesticidas, herbicidas ni fertilizantes químicos. Al trabajar con criterios agroecológicos, permiten que se preserve el medio ambiente en el cual nacen. “Todo producto orgánico es más saludable que uno convencional, ya que está libre de cualquier químico que pueda afectar la salud humana”, afirma Pablo Dessel, Director Comercial de Vinecol.

“Numerosos estudios  demostraron que el vino orgánico tiene más propiedades que el convencional –sostiene Dessel-. La diferencia más importante está en la cantidad de sulfitos que se le agrega al vino: por norma internacional todos los vinos con certificación orgánica pueden tener hasta 80mg/l. Este valor es muy bajo (hay mucha gente que es alérgica a los sulfitos) y no afecta la salud de las personas”.

Alejandro Schettini, de Finca La Rosendo, señala no obstante que “es común encontrarse con vinos que se anuncian como orgánicos y que si bien se producen con uvas orgánicas, son elaborados de manera convencional, perdiendo las virtudes de aquéllas. Cuando en cambio nos atenemos a llevar adelante prácticas ecológicas tanto en la viña como en la bodega –continúa Schettini-, y en esta última no se abusa de ciertos artilugios que incluso están permitidos en las normas de producción orgánica -como corregir acidez, utilizar diversas enzimas y clarificaciones, filtrados, procesos de pasteurización, etc. -, es posible obtener vinos que en el plano de la salud además de no intoxicarnos con químicos, nos aporten gran cantidad de antioxidantes, proteínas, levaduras, aminoácidos, y muchas sustancias provenientes de la uva que son beneficiosas para nuestro organismo”.

Desde el punto de vista de quien toma el vino, al degustarlo, “la diferencia entre un vino elaborado orgánicamente y otro que fue producido de manera convencional  es sutil -comenta Nicolás Cornejo, de Bodega Colomé-. Los vinos realizados mediante prácticas orgánicas y/o biodinámicas permiten expresar más claramente el terruño, ya que el manejo agrícola ayuda a conservar mejor las condiciones naturales de cada terroir”. Juan Pelizzatti, de Bodega Chakana, afirma que esta expresión más auténtica se debe a que “la agricultura orgánica, a través de la regeneración de los microorganismos del suelo (que la agricultura convencional elimina), permite cultivar vides más saludables, longevas y con mayor capacidad de absorción de los micronutrientes”.

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