Un retiro yóguico

13 febrero, 2013

Así como la India es conocida como el “destino espiritual” por excelencia, la pequeña ciudad de Rishikesh, localizada al norte del país y a los pies de los Himalayas, en la provincia de Uttranchal, es mundialmente famosa por ser la “capital del yoga”.

Por: Ana Schlimovich.

Sobre la margen del Ganges, que a esta altura del mapa corre puro y transparente, se agrupan cientos de ashrams –escuelas-, dirigidas o creadas por diferentes y legendarios yoguis. La Ciudad del Divino, como también se la conoce, ganó renombre en la década del 60, cuando comenzó a ser frecuentada por los Beatles, quienes iban a ver a su Guru, el Yogui Maharishi Mahesh.

Desde entonces hombres y mujeres de todo el mundo viajan hasta allí para practicar, estudiar y perfeccionarse en yoga y meditación. Gran parte de los ashrams se localizan al este del Ganges, donde se llega atravesando un puente colgante peatonal. A diferencia del resto del territorio indio, donde el tránsito es simplemente caótico y el ruido casi insoportable, esta región esteña llamada Lakshman Jhula, es silenciosa y apacible, ideal para desarrollar las actividades que le otorgaron su notoriedad.

Phool Chatti Ashram

Curvas pronunciadas serpentean los cerros verdes y frescos que acaban indefectiblemente en las aguas del río más venerado del mundo. Recorrer el paisaje ya es razón suficiente para visitar el “jardín de las flores”, y el significado del nombre de este ashram está absolutamente justificado por el entorno en el que se asienta. El origen de Phool Chatti se dio de manera natural, localizado en una antigua ruta de peregrinación, el sitio era propicio para ofrecer comida y descanso a los viajeros espirituales que por allí pasaban. Hacia el final de 1800 el asceta Sri Devi Dayal Ji Maharaj fundó el ashram para servir a sus compañeros ascetas y otros peregrinos en su aventura por los territorios sagrados del Ganges.

Desde 1977, Phool Chatti crece al cuidado de Swami Dev Swarup Nanda Ji, experto en medicina ayurvédica y astrología védica, quien en los últimos años reformó el lugar y lo preparó para ser el centro de yoga y meditación que hoy recibe visitas locales y del mundo todo.

El centro ofrece programas intensivos de una semana. El hospedaje in situ, en habitaciones privadas simples pero inmaculadas, y las comidas, que son servidas a la manera hindú, con los comensales sentados en el piso y en grupo, transforman el curso en un verdadero retiro espiritual. Durante siete días, la simpática discípula de Swami Ji, Sadhvi Lalita Ambay, comanda clases de pranayama –respiración-, Hata y Hashtanga Yoga, caminatas por las playas desiertas que promueven la meditación, mantras y cantos sagrados acompañados de dulces melodías que ella misma interpreta, mientras invita a los alumnos a hacer sonar alguno de los instrumentos que presenta, generosamente, en cada Aarti –ritual hindú- que es celebrado diariamente al esconderse el sol.

 

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