Un retratista de la Corte Española en La Pampa

18 abril, 2013

Nos sumergimos en la vida y obra del artista por excelencia Antonio Ortiz Echagüe.

Texto: Julie Bergadá.

Carro Quemado es el caserío más cercano, y como haciendo causa común con ese nombre, el monte de ingreso a la estancia La Holando presenta señales de que un gran incendio tuvo lugar ahí también. “Es algo frecuente, el clima es seco y las lluvias escasean”, cuenta Alejandra Ortiz Echagüe, “pero esa vez llegó muy cerca de la casa y del museo”…el museo-atelier de su abuelo, Antonio Ortiz Echagüe. Nació en Guadalajara (País Vasco) en 1883, en su juventud hizo un pacto con su padre: quería estudiar pintura y trataría de conseguir una beca para estudiar en París, si no lo lograba entraría -según el ferviente deseo de su padre- en el colegio militar. Pero logró la beca y de ahí en más no paró.

En el living de la casa de La Pampa, Alejandra trae café que apoya en una mesita de azulejos con forma de paleta y sigue con la apasionante historia de su abuelo. Con el tiempo -cuenta su nieta- se fue a Roma donde afianzó su inclinación a los temas costumbristas, comenzó a hacer retratos y de ese modo conoció a la familia Smidt, unos banqueros holandeses, quienes le encomendaron retratar a su hija Elisabeth. Tanto les gustó el cuadro que le propusieron que fuera a su país, asegurándole que tendría muchísimo trabajo. Ortiz Echagüe comenzó así a ganarse la vida retratando a infinidad de personalidades de la sociedad holandesa. Los Smidt tenían un campo en Argentina, en La Pampa, y en una oportunidad que vinieron hacia acá lo invitaron. Finalmente Ortiz Echagüe se casó con su primera modela, Elisabeth Smidt. Vivieron en Granada donde nació su hija Carmen. Luego llegaría Federico y muchos viajes más en los que el pintor buscaba inspiración. De nuevo Francia, Argentina, Estados Unidos y Holanda, donde cada tanto, y para cambiar de ambiente, se iba a algún pueblito a pintar a la gente “común”. Fruto de esas “escapadas” son las obras que forman la serie “Casa Amarilla” expuesta en su museo. Luego de varios traslados fueron a Marruecos. El impacto que tuvo el mundo árabe sobre él fue tan fuerte que se quedaron dos años en Fez, donde Ortiz Echagüe pintó los modelos que ese país ofrecía: jeques, vendedores, mujeres azules y las senegalesas. El mundo artístico concuerda en definir estos lienzos como el punto culminante de su carrera. Finalmente la Guerra Civil Española y la necesidad de afincarse para criar a su familia hicieron que se decida por quedarse en la estancia de La Pampa. Construyó su atelier, aunque su producción ya no fue lo que era. Se dedicó con pasión al campo y murió nueve años después de haberse instalado en Argentina.

Elisabeth lo sobrevivió muchos años, transfiriendo a sus hijos y nietos el amor por este gran pintor que alguna vez retrató a Alfonso XIII y centenares de veces a su hija Carmen y, muy a pesar de él, a su hijo Federico. Alejandra y sus hermanos son hoy en día los encargados de custodiar el Museo. Con ayuda de la provincia de La Pampa, pudieron construir un edificio adecuado para conservar y poder mostrar la obra de este gran pintor. Un español y pintor, como el propio Ortiz Echagüe quería ser recordado.

Trayectoria

Además de innumerables premios, el gobierno francés le concedió la Legión de honor por sus méritos artísticos, y el español lo nombró Caballero de la Orden de Alfonso XIII.
Exposiciones individuales:
1921 – En la célebre galería Georges Petit de París.
1922 – Museo Stedelikje de Ámsterdam.
1924 – En la galería Van Riel de Buenos Aires.
1926 – En el Palacio de la Biblioteca Nacional de Madrid.
El pabellón español de XXVI Muestra Internacional de Venecia le dedicó una sala.

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