Volver al pasado

30 enero, 2013

A una hora en auto desde la ciudad de Buenos Aires, en el partido de Luján, este pueblo histórico y tradicional encanta a todo aquel que lo visite. Al volante de un Renault Fluence, viajamos hasta allí para conocer sus secretos y disfrutar de un inolvidable día de campo.

Texto: Martín Egozcue.
Fotos: BB Tesio.

Para disfrutar de un día de campo no hace falta recorrer cientos de kilómetros. Con tan solo alejarse más allá del Gran Buenos Aires ya es posible encontrar “otro mundo”. En búsqueda de aire puro, de un paisaje verde y, sobre todo, de tranquilidad, arrancamos al volante de un Renault Fluence. Viajamos cómodos y seguros en el nuevo sedán mediano de la marca del rombo, que no solo se destaca por su calidad general, sino también porque se fabrica enla Argentina.Tomamosel Acceso Oeste y en menos de una hora ya estábamos en Carlos Keen, un pueblo histórico, tradicional, donde el tiempo parece haberse detenido un siglo atrás. Se trata de una localidad que hoy no tiene mucho más de 500 habitantes y que se emplaza alrededor de lo que alguna vez fue una prolífera estación de tren. Carlos Keen surgió, justamente, gracias al ferrocarril que unía Luján con Pergamino. Y aunque el tren dejó de pasar por allí hace ya tres décadas, la población sigue en su lugar, con el mismo encanto de siempre, con mil historias para contar.

El nombre de este pueblo se debe al médico, abogado y periodista argentino que nació en Las Flores en 1840 y que defendió al país enla Guerradel Paraguay. Carlos Keen murió en 1874, víctima de la fiebre amarilla y, pese a lo que uno podría imaginar, jamás conoció esta localidad que tomó impulso unos años después, cuando en 1881 se inauguró la estación del ferrocarril. En épocas de prosperidad para el país, hacia los años ’30, Carlos Keen llegó a tener 4.000 habitantes. Pero un día los buenos tiempos se acabaron y muchos se fueron hacia localidades vecinas, como Jáuregui, o incluso más lejos.

En la actualidad, Carlos Keen se convierte en una interesante atracción turística para pasar un día de campo en familia e incluso pernoctar para disfrutar de un fin de semana completo en algunas de las estancias del lugar. La oferta gastronómica es, tal vez, uno de los principales atractivos. Los fines de semana, restaurantes, bares y casas de té reciben a numerosos visitantes, quienes degustan de las más variadas exquisiteces locales.

Recorrer Carlos Keen no lleva mucho tiempo. Siempre a bordo del Renault Fluence (nos subimos a la versión Privilege, la más equipada de la gama, en color Blanco Glaciar), descubrimos que el pueblo no se extiende más de seis cuadras a lo largo y cuatro cuadras a lo ancho del terreno que pertenece a la estación del tren. Allí, los domingos suele haber ferias artesanales y se ofrecen cabalgatas y paseos en sulky. En ese marco, las familias aprovechan el verde que rodea a la vieja pero pintoresca estación para un descanso vespertino, tras haber disfrutado de un rico almuerzo de campo. Otro punto de interés y que vale la pena visitar esla Iglesiade San Carlos Borromeo, ubicada justo frente al predio de la estación. De estilo neo romántico, fue inaugurada en 1906 y es uno de los símbolos por excelencia de Carlos Keen.

Al final del día, pocas ganas dan de regresar a la gran urbe porteña. La tranquilidad del lugar, la paz que se percibe entre sus residentes, la llanura pampeana que se divisa en el horizonte y el delicioso mate que cualquiera ofrecerá siempre con una sonrisa sincera, hacen pensar, definitivamente, en que no debería pasar mucho tiempo hasta volver a Carlos Keen. Si hasta el Renault Fluence parece hacernos un guiño: a él también le gustó este lugar…

Cómo llegar

La localidad de Carlos Keen se emplaza en la jurisdicción dela Municipalidadde Luján y está ubicada a83 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Se accede por el Acceso Oeste y una vez que la Ciudad de Luján queda atrás sobre la izquierda, se continúa hasta el Km 72, donde se desciende (visualizar el cartel “Carlos Keen”) hacia la derecha. Desde allí se toma un acceso asfaltado que, tras diez kilómetros, finaliza en el mismísimo pueblo.

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