Welcome Polinesia

16 mayo, 2012

Playas de arenas blanquísimas, un mar increíblemente azul y transparente son la marca registrada de estas islas de ensueño, que hay que visitar por lo menos una vez en la vida. Y, aunque se las suele publicitar como un destino de luna de miel, se adaptan perfecto a viajes familiares o de amigos: hay mil programas y variantes para disfrutar una naturaleza asombrosamente bella, adentro y afuera del agua.

Texto: Luisa Zuberbuhler.
Fotos: Camilo Aldao.

En 1891 Paul Gauguin llegó a Tahití e inmortalizó para siempre la cultura de estas islas y el encanto de sus “vahine”. Hoy, mientras sus cuadros están en los mejores museos del mundo, las modelos originales siguen conquistando al visitante con la elegancia lánguida de sus movimientos. Lo primero que me impresionó de la Polinesia Francesa, una colectividad francesa de ultramar (Collectivité d’outre-mer) al sur de Pacífico, fue la gracia innata de sus nativos y el esplendor de una naturaleza que consiguió mantenerse casi intacta a pesar del avance de la civilización. Fue una agradable sorpresa constatar que, salvo Papeete en la isla de Tahití, estas islas proponen una infraestructura simple y natural a pesar de los hoteles y resorts de lujo que se instalaron en sus playas.

Tahití es la isla mas famosa, la mas poblada y… la mas estropeada. Nosotros aterrizamos en Tahiti-Faa’a, el Aeropuerto Internacional y nos quedamos un par de días en Papeete para esperar la salida del crucero. De entrada pensamos que los que nos habían dicho que Papeete era “fea” estaban equivocados. Pero cuando vimos las otras islas nos dimos cuenta de que hay que tratar de estar lo menos posible en esta capital. Si el crucero no coincide con la llegada del vuelo de Lan Chile vale la pena tomarse un avioncito local y volar, por ejemplo, a Bora Bora. El Bora Bora Pearl es un paraíso ubicado frente a la “lagoon” más famosa del mundo y al monte Otemanu, con un spa de primera y tres restaurantes con acento francés. Pero lo mejor de este miembro de The Leading Hotels of the World son sus maravillosas cabañas “overwater” con salida directa al mar y la posibilidad de ver pescaditos de colores desde la bañadera o la mesa del living.

A las Tuamotu y a las Islas de la Sociedad

Finalmente zarpamos de Tahití a bordo del viaje inaugural del Paul Gauguin, un crucero de lujo que navega exclusivamente por el Pacífico Sur, totalmente reacondicionado por la Pacific Beachcomber. El simpatiquísimo capitán Rajko Zupan y toda su tripulación, entre las que se destacan “Las Gauguins”, nos acompañaron y mimaron durante diez maravillosos días. Las Gauguins son un grupo de jóvenes polinesas que, además de cantar y bailar todas las noches en un show diferente, participan en actividades tan dispares como clases de ponerse el pareo o de armar collares de flores hasta programas al aire libre en las playas y “motus” del itinerario. Los motus son islas diminutas y deshabitadas: solo playa, mar y palmeras.

Un placer este hotel flotante que, además de sus tres restaurantes, spa, casino, boutique y teatro tiene una estupenda “Marina” en la popa del barco con todo lo necesario para practicar deportes acuáticos. Ski, windsurf, snorkel y kayak sin pagar un peso; clases de buceo y excursiones en lancha a los arrecifes para bucear o hacer snorkel pagando un precio lógico.

¡Todos los días una isla diferente y un programa diferente!

En Rangiroa fuimos y nos anotamos en una excursión para hacer snorkel en el Motu Nui Nui, un gigantesco acuario natural donde les dimos de comer a los peces bajo del agua; en Morea fuimos a nadar con delfines; y en Bora Bora buceamos con tiburones y vimos el ballet de las manta rayas mientras el guía les daba de comer. En Raiatea la Naturalista de a bordo nos acompañó, por un sendero lleno de plantas y frutos exóticos, hasta lo alto del monte que domina la laguna. La trepada fue agotadora, pero la vista desde la cumbre valió la pena. En Hauine diluviaba así que cancelamos una cabalgata por la selva para hacer fiaca a bordo y aprender a filetear un pescado gigante. También jugamos al golf e hicimos shopping en Morea, donde vimos los mejores pareos y collares de nácar y perlas negras.

Pero lo mejor del crucero fue el Motu Mahana de la isla de Taha’a. Este motu es exclusivo del Paul Gauguin: una lancha de desembarco va y viene durante todo el día llevando a los pasajeros a esta versión polinésica del Paraíso, con palmeras, cocos frescos y todo tipo de manjares. ¡Hasta hay un bar flotante que lleva tragos tropicales a los que están haciendo snorkel!

 

DATOS ÚTILES

Lan Chile, vía Isla de Pascua es la forma más directa de llegar. Otra opción es ir a Los Ángeles y aprovechar el vuelo gratis Los Ángeles – Papeete – Los Ángeles, que el Paul Gauguin ofrece a sus pasajeros.

El crucero de lujo Paul Gauguin tiene varios itinerarios, siempre por la Polinesia y con importantes descuentos. Desde Buenos Aires: 4313-5726, paulgauguin@rocatransport.com.arBora Bora Pearl, también desde Buenos Aires: 4129-0010, sales.buenosaires@lhw-offices.com.

Si se tiene que quedar en Papeete: dos restaurantes: Les 3 Brasseurs, 50 60 25, Boulevard Pomare, y La Casa Bianca, 43 91 35, en la Marina Taina, Punnaauia. Tahiti Auto Center, 82 33 33, alquiler a buen precio. Taxi Patrick, 77 35 49, transfers al aeropuerto. Con auto alquilado: jugar en el Golf Tahiti, 57 40 32 y almorzar en el Restaurant du Musee Paul Gauguin, 57 13 80, un kilómetro antes del Museo Paul Gauguin, que no vale la pena visitar.

Morea Green Pearl Golf, 56 27 32. 18 hoyos espectaculares diseñados por Nicklaus, Par 70- 6002m/ 6596y de largo entre el mar y las montañas.

 

Los comentarios estan cerrados.