Y el Oscar es para…

7 marzo, 2013

El argentino Eugenio Zanetti, ganador de la preciada estatuilla hollywoodense, acaba de presentar su última producción plástica y se prepara para filmar su primera película como director y guionista.

Texto: Marysol Antón.
Fotos: Curro Palacios Taberner.

Escenográfico, así es el departamento porteño de Eugenio Zanetti, el argentino que conquistó la meca del cine. Durante los meses que vive en la Argentina lo acompaña su premio más valioso; es que el Oscar –lo ganó por su labor en Restauración, film protagonizado por su amigo Robert Downey Jr.– se roba la mirada de cada visitante. Y este es acompañado por objetos excéntricos, como el incensario de Estambul y otros que han formado parte de sets de filmación. A días de haber inaugurado en Maman Fine Art Tondo, su última muestra individual, este director de arte reparte su tiempo entre Hollywood y Buenos Aires.

“Me muevo con mis proyectos, ahora estoy acá con la muestra. Está integrada por 40 óleos de gran tamaño. Es un trabajo vasto e importante porque hacía años que no exponía en el país. La exhibición primero pasó por San Pablo y no podía dejar de venir”, resume este creativo que ha sabido cultivar su acerco cultural en cada paso que dio, ya sea de la mano de grandes directores de cine como Pasolini o en destinos exóticos como Afganistán.

-¿Qué lugar tiene la pintura en tu vida?

-Está en el centro de mi ser, es el rayo que me define. Desde ahí parten las otras cosas como el cine y la escenografía. Mostrar los cuadros para mí es importante porque en ellos hay información básica que es crucial.

-¿Recordás el primer acercamiento?

-Fue en la infancia. En ese tiempo contacté con la pintura, la escenografía, el teatro de títeres y también con la escritura (acaba de escribir un guión, Amapola, que se transformará en la primera película que dirigirá a partir de enero). Empecé de chico: a los 11 le dediqué a mi abuela una tragedia griega. Siempre tuve la necesidad de expresar ideas de cualquier manera.

-¿Y el cine cómo llega?

-Porque hice un viaje a los 20 años a Afganistán (llegamos por tierra, hoy es imposible) y después fui a Europa. Ahí conocí a Pasolini, quien iba a filmar una película sobre Medea en aquella región, así que le comenté que había visto un valle en Turquía que me parecía mejor escenario. Le encantó y me invitó al departamento de arte.

-Y Hollywood te agarró maduro.

-Llegué con 40 años, había hecho teatro, cine, ópera. Cuando me sentaba a hablar con la gente de la industria se daban cuenta que sabía. Me fue relativamente fácil. Tuve un agente que me dijo que el proceso iba a ser largo, y a los tres días ya estaba filmando.

-¿Qué rol tiene el director de arte?

-Hay que darle una forma física y visual a la narrativa, es conceptual. Tu trabajo tiene que servir a la película y no ser un obstáculo. Cuando sucede que uno no coincide con el director, uno expone su comprensión que significa lo que se está contando, y se la defiende hasta donde se pueda. Me he bajado de proyectos. En el teatro tenés una severidad mucho mayor que en el cine.

-¿Cómo se maneja la incorporación de la tecnología?

-No soy un tecno last, pero me ha tocado estar en el frente del tema. En las action Hero, que protagonizó Arnold Schwarzenegger, marcamos el comienzo de la digitalización. Luego, en Más allá de los sueños, inventamos el Live Air, es un radar que crea un mapa tridimensional y permitió hacer películas como Avatar.

-¿Y cómo ves tu vida hoy, luego de ganar un Oscar y haber estado nominado a un segundo?

-En actos, como en términos dramáticos. Llegar a los Estados Unidos fue el comienzo del segundo acto, es en el momento en que se expande el conflicto, es la etapa de hacer muchas cosas. Ahora estoy en el tercero, en el que se vuelve al origen, por eso el retorno a la pintura, tiene que ver con el yo y los deseos.

A todo esto Zanetti agrega un proyecto más, su Estancia de la Cruz, en Córdoba. Un lugar en el que el arte brota en todos los rincones. Un espacio que lo inspira.

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